26/5/11

Actitudes ante la infancia

Debate, La Vanguardia

Actitudes ante la infancia
Jesús Vilar

La convención de los Derechos del Niño de 1989, supone una nueva forma de entender la infancia. ¿Cómo es esa nueva mirada? Es un cambio de actitud por parte de los adultos que consiste en ver al niño/a como sujeto de derecho y un ciudadano/a que hay que respetar y tener en consideración por la persona que es hoy y no como el adulto que será mañana.
Hay que preguntarse por la repercusión de la convención en la percepción social sobre la infancia en el conjunto de la población. Si entendemos que los niños y las niñas son aquellos que viven y esto depende de los papeles que pueden jugar en los escenarios que los adultos somos capaces de crear para su crecimiento, el panorama es más bien gris. A riesgo de ser esquemático, la sociedad adulta no ha encontrado la forma de concretar esta nueva actitud y se sigue moviendo entre dos polos contradictorios: o se percibe la infancia como una etapa que no cuenta en la construcción de la vida social (los "aún no", como acciones que van desde la anulación a la sobreprotección), o se les abandona a su suerte en un mundo adulto que no respeta ni preserva sus particularidades y les priva del derecho a ser niño/a (lo que Postman describió como "La desaparició de la infantesa").

Hoy, parece que cumplir las responsabilidades hacia la infancia consiste exclusivamente en cubrir sus necesidades materiales. pero es imprescindible considerar también sus necesidades no materiales, como hemos expuesto en el Manifest de Montserrat para asegurar un desarrollo integral, esto es, material, intelectual, moral, emocional.

El ejercicio responsable del rol adulto hacia la infancia no consiste en fabricar la persona ideal que queremos que sea mañana ni tampoco de abandonarlo a su suerte frente a estímulos y vivencias que aún no le corresponde vivir. hay que crear oportunidades cotidianas de participación activa, que respeten este importante momento de la vida y sean una fuente de aprendizaje y de desarrollo integral de sus potencialidades. Que les permita ser únicos/as y a la vez que adquieran el sentido profundo de ser miembros responsables de la comunidad.
Mientras no se produzca este cambio estaremos hipotecando nuestro futuro. Este es nuestro gran reto.