5/6/11

Asombro y Conformismo


No todo el mundo tiene la disposición interior o la sensibilidad para asombrarse, o ni siquiera para entender el concepto mismo del asombro. Algunos lo reducen a reacciones más bien fisiológicas, como son "sorprenderse" o "sentir ilusión". Ambos son consecuencia de la acción de un factor externo al sujeto, como puede ser el placer que provoca un ganchito en la lengua o el "pasárselo bien" en una fiesta. El asombro es mucho más profundo y brota desde "dentro" de la persona. Para entender el asombro, podemos contemplar dos fenómenos en la antípodas del asombro: el "cinismo" y el "conformismo".

A continuación, una cita preciosa de Karol Wojtyla, que habla de los efectos devastadores en la persona, en las organizaciones y en la sociedad, del conformismo, esta actitud que consiste en dejar que las normas de un colectivo actúen como una segunda conciencia que suplante la propia sin interiorizarlas ni hacerlas verdaderamente suyas, o sin jamás ponerlas o dejar que se pongan en cuestión cuando hace falta en la gestión de cualquier organización. Es una de estas citas que te deja “boquiabierto”, y con la cita acabo, ya que lo dice absolutamente todo.

(El conformismo) manifiesta una falta de solidaridad y, al mismo tiempo, una actitud de huida de la oposición; aunque sigue denotando la asimilación del hombre a los demás miembros de una comunidad, sólo lo hace así en sentido externo y superficial, en un sentido desprovisto de fundamento personales en la convicción y elección. De esta manera, el conformismo consiste principalmente en una actitud de obediencia o resignación, en una forma específica de pasividad que hace que el hombre-persona sea únicamente el sujeto de lo que ocurre, en vez de ser el autor o agente responsable de la formación de sus propias actitudes y de su propio compromiso con la comunidad. El hombre-persona no llega a aceptar su parte en la construcción de la comunidad y se deja llevar con y por la multitud. (…) A la verdadera participación la sustituye una simple apariencia de participación, una obediencia superficial a los demás, en la que no se da convicción ni compromiso auténtico.

De esta manera, la comunidad queda interrumpida o falsificada. Este estado de cosas sólo puede tener consecuencias negativas sobre el bien común, cuyo dinamismo brota de la verdadera participación. (…) cuando las personas se adaptan a las exigencias de la comunidad sólo de forma superficial y cuando lo hacen únicamente para conseguir algunas ventajas inmediatas o para evitarse problemas, se producen pérdidas irremediables para la persona y para la comunidad.