18/05/12

El asombro: lo que suscita interés por una historia


Según un reciente estudio americano, lo que hace que una historia se trasmita más rápidamente en la red por el boca a boca, es el asombro que provoca en sus lectores.

En el estudio, realizado por la Universidad de Pennsylvania, analizaron una serie de variables con respecto a la comunicación de varios artículos del New York Times cada 15 minutos durante más de 6 meses. Contrariamente a la creencia popular según la cual la gente buscaría contenidos cortos, historias superficiales, frívolas, escabrosas o morbosas, los que tuvieron más éxito fueron los contenidos más positivos, más largos y que provocaron asombro en sus lectores.

El estudio define asombro como “una emoción de trascendencia personal, un sentimiento de admiración y de elevación frente a algo que supera a uno. Invoca la apertura y la ampliación del espíritu y una experiencia que hace que uno pare para pensar.”

Ese es todo un descubrimiento para el mundo del marketing on-line y para los autores de ficción. Pero puede que lo sea también desde el punto de vista de la persona, y más especialmente de la pedagogía. El asombro es lo que suscita interés por parte de las personas. ¿Y si el asombro no fuera un mero sentimiento? ¿Y si fuera, como dice Tomás de Aquino, el principio del conocimiento? ¿Y si el asombro preexistiría como algo innato en la persona? Si es así, entonces este descubrimiento tiene implicaciones mucho más allá del marketing on-line. Puede que hayamos dado con una realidad, el asombro, que trabaja demasiado a ciegas, por no encontrarse con qué ponerse en marcha… contenidos de calidad y que amplían los horizontes de la razón. Contenidos bellos. Porque la belleza provoca el asombro. 

14/05/12

Yo no doy el mundo por supuesto

"Yo, no doy el mundo por supuesto", decía Chesterton. Esa es una actitud de asombro. El asombro de quien se admira porque las cosas son, mientras podrían "no haber sido". Esa actitud es la que inspiró el video "Valora la Vida", realizado por la Fundació Josep Carreras. Precioso.


07/05/12

¡Sólo Belleza, y a lo grande!

Esta semana, leí una anécdota deliciosa reportada por mi amiga y colega Magdalena Bosch, en su libro cuya lectura recomiendo, El Poder de la Belleza:

Estaba un conocido catedrático dando una conferencia sobre la belleza, cuando una mujer de entre los asistentes le hizo la siguiente observación: “En realidad, sobre gustos no hay nada escrito”. El profesor respondió rápidamente: “Señora, sobre gustos hay mucho escrito, lo que ocurre es que usted lee muy poco”. 

Podríamos hablar largamente de lo que se ha escrito sobre el tema de la belleza. Una de las frases que me impactó para siempre cuando estudié filosofía es la siguiente: “La belleza es la expresión de la verdad y de la bondad”. La belleza con "b" minúscula es cuestión de gusto, de moda. Pero la Belleza, con B mayúscula, no lo es. 

¿Qué es bello para un niño? Si la belleza es expresión de la verdad y de la bondad, es bueno para el niño todo aquello que respeta y reconoce su verdad y su bondad. Es bello para el niño todo aquello que corresponde con su naturaleza, su orden interior, su inocencia, sus necesidades básicas, sus ritmos.

Por eso es tan importante rodear al niño de belleza, porque lo que no es bello, por carecer de bondad y de verdad, le puede hacer daño, mucho daño. En el mejor de los casos, pues sería una triste perdida de tiempo. Una generación que no sabe disfrutar de experiencias verdaderamente estéticas, es una generación Pan y Circo. Se emocionará con el Waka Waka y con poco más.

Y por eso a la hora de filtrar, como padre, lo que conviene o no al niño, no hay que hacerse “la pregunta equivocada”, como explicaba en otro post, quedándonos, por la misma incultura que aquella señora que leía muy poco, en los mínimos.

Para nuestros hijos, Belleza. ¡Sólo Belleza, y a lo grande!

27/04/12

El mejor trabajo del mundo

A todas las madres... que están haciendo, sin duda, el mejor trabajo del mundo. ¡Feliz día de la madre!



22/04/12

17/04/12

La verdadera autoridad

El Principito: ¿Y las estrellas os obedecen?
El Rey: Por supuesto –le dijo el rey-.  Obedecen al instante.  No tolero la indisciplina. (…)
El Principito: Quisiera ver una puesta de sol…  Dame el gusto… Ordena al sol que se ponga… (…)
El Rey: Tendrás tu puesta de sol.  Lo exigiré.  Pero esperaré, con mi ciencia de gobernante, que las condiciones sean favorables.
El Principito: ¿Y cuando esto sucederá?
El Rey: ¡Hem! ¡Hem! Le respondió el rey que consultó antes un grueso calendario - ¡hem! ¡hem! ¡será a las…  a las, será esta noche a las siete y cuarenta en punto!  Y verás como soy obedecido!” (El Principito)

El miedo al fracaso es una de las principales causas del conformismo. El conformista es mal perdedor. Prefiere no quejarse del estatus quo por miedo a perder la cara si no le hacen caso. Prefiere no exigir por miedo a encontrarse con un "no". En las sociedades conformistas, los jefes no tienen autoridad verdadera con sus empleados, tampoco tienen autoridad los padres con sus hijos, ni los clientes con sus proveedores, ni los ciudadanos con la clase política. Hay muchas quejas y murmuraciones, pero la gente no se manifiesta, y si está dispuesta a hacerlo es “cuando las condiciones serán favorables”. Es otra manera de decir: “no estoy dispuesto a perder la cara porque nunca van a cambiar las cosas; me manifestaré cuando vea que cambie el viento y que el entorno apoye mi punto de vista”. Cuando la mochila que llevamos está demasiado llena de cosas que no estamos dispuestos a perder (tiempo, prestigio, reputación, etc.), ¡quieto! En las sociedades conformistas, el punto de vista del entorno sólo cambia cuando cambia el que “manda”, o porque una corriente de opinión está públicamente normalizada. De ahí la importancia que se le da a la murmuración, actividad a la que se dedican los insatisfechos horas y horas, porque es la única manera de difundir un punto de vista distinto al que se lleva sin tener que perder la cara públicamente. En la sociedad conformista, la murmuración es  “la regla del juego” por excelencia y el "qué dirán" es clave, de ahí la importancia de mantener apariencias de "todo bien", dedicándole muchas horas al deporte de "hacer la pelota".

Karol Wojtyla decía que cuando las personas se adaptan a las exigencias de la comunidad sólo de forma superficial y cuando lo hacen únicamente para conseguir algunas ventajas inmediatas o para evitarse problemas, se producen pérdidas irremediables para la persona y para la comunidad. Y añade: De esta manera, la comunidad queda interrumpida o falsificada. Este estado de cosas sólo puede tener consecuencias negativas sobre el bien común, cuyo dinamismo brota de la verdadera participación.

Tener autoridad, no es “ganar” batallas. Tener autoridad es “mojarse”, dispuesto a llevarse un chaparrón, un buen chaparrón. Quien tiene mucho que perder lo tiene complicado. Tener autoridad es seguir batallando a pesar de que no estén favorables las condiciones. Seguir batallando contra la mediocridad y para la excelencia en culturas de inmovilismo nos da la autoridad que tanto echa en falta nuestra sociedad: la autoridad moral para el bien común.  

09/04/12

Lluvia y pantalla

¿Por qué los niños de hoy en día se ponen a correr, asustados, cuando les cae una gota? ¿Por qué tienen miedo a la humedad y al frío? Porque existe una creencia popular falsa que los niños contraen resfriados y gripes cuando están fuera en invierno. "Es más fácil romper un prejuicio que un átomo", decía Einstein.  Pues lo intentaré...

La Academia Americana de Pediatría (AAP), y cualquier otro pediatra nos dice claramente que el frío no es nunca causa del resfriado o de la gripe, a pesar de la creencia popular que nos hace pensar lo contrario. De hecho, nos dice la AAP que si los resfriados y las gripes son más comunes en invierno, es porque los niños no salen de sus clases en las que no hay circulación de aire y están en contacto entre ellos, lo cual favorece la transmisión del virus. [1]

Así que para luchar contra el resfriado y la gripe - y de paso tener niños más resistentes a la frustración y a la dificultad- habría que dejarles, eso si, bien abrigados con un buen jersey o dos y un chubasquero, correr al aire libre pisando los charcos con sus botas de lluvia. De hecho, eso es lo que suele pasar en la gran mayoría de los países nórdicos en los que los niños acuden a los patios a 40 grados bajo cero... 
El patio de la escuela privada Ursulines de Québec
Supongo que justo aquí perderé un buen porcentaje de lectores que no lo ven claro. O no… porque la buena noticia es que se trata de un excelente plan para los días lluviosos en que pensábamos que no había otra alternativa que tener a los niños encerrados en casa o en su clase, como leones enjaulados. Si, existe otra alternativa. Y es mucho más sana que anestesiarles con DVDs tras DVDs durante los 82 días de lluvia de nieve, de tormenta o de helada al año reportados en Barcelona por la Agencia Estatal de Meteorología del Gobierno de España. En Madrid son 99 y en Bilbao, son 165. 


Si los niños tuviesen que tragar pantallas durante el patio o en su casa cada uno de estos días, llegaríamos a unas horas de pantalla anual espantosas, sin duda dañina para sus pequeños cerebros. Claramente incompatible con una educación de calidad. Se trata de un hábito que deberíamos cortar, como puede ser el de fumar, puesto que recientes estudios han demostrado que puede tener efectos negativos en la salud de los niños, entre los que se encuentra obesidad, dos tipos de diabetes distintas, pubertad prematura en las niñas, miopía, autismo, trastornos del sueño (ver noticia) y causar problemas de aprendizaje y de distracción, puesto que exige poco esfuerzo mental, por lo que la mente se vuelve vaga y se acostumbra a no pensar (ver noticia). 

Así que para el próximo regalo de cumpleaños del pequeño, ¿no os parece mejor para su higiene mental y para que crezca en fortaleza, que en vez del paraguas cuya función es protegerle de la lluvia, le regalemos un chubasquero y unas botas de lluvia? 

[1] “Winter Safety Tips”, American Academy of Pediatrics 1/2, Safekids 11/115.

01/04/12

¿Un 30% menos de niños?

A continuación, la publicidad del año pasado por la mismas fechas de una actividad en un centro comercial de Barcelona que refleja bien lo que se lleva en muchas familias: sacarse los niños de encima.
¡Feliz Semana Santa en familia!
Un abrazo,
Catherine


23/03/12

"Los niños son más agresivos cuanto más tiempo pasan en guarderías"

A continuación, una entrevista realizada por el periódico El Mundo a Jay Berlsky, psícologo investigador mundialmente reconocido en el campo del desarrollo infantil y los estudios de la familia, Director del Institute for the Study of Children de la Universidad de Londres y Investigador principal del Study of Early Child Care, el más ambicioso estudio sobre educación infantil que se haya realizado en el mundo, en cuanto a duración, número de participantes y temas abordados.

"(...) El profesor nos recibe una mañana lluviosa en su despacho, en una casona del barrio de Bloomsbury, a tiro de piedra del Museo Británico. Psicólogo de fama internacional, reside desde hace unos años en Londres, donde dirige un instituto de estudios familiares.
Belsky fue un héroe recurrente del feminismo a finales de los 70, al publicar estudios que descartaban efectos negativos en los niños que se quedaban en guarderías mientras sus madres iban a trabajar. Muy pronto, Belsky descubrió que se equivocaba: los niños que van a la guardería desde muy pequeños son más agresivos y desobedientes que aquellos a los que sus madres cuidan en casa.
Se trata de un axioma que se apoya en un rosario de pruebas científicas pero que choca contra la marea social. Por eso a Belsky lo han crucificado sus viejas amigas feministas y por eso pocos políticos le siguen el juego.
PREGUNTA.Su tesis sobre las guarderías ha provocado cierta polémica en su país y en el Reino Unido. Me gustaría oírsela a usted, sin distorsiones y en un lenguaje sencillo, que puedan entender mis lectores.
RESPUESTA.- Se han dicho muchas cosas sobre mí. Por ejemplo, que creo que el cuidado materno es bueno y las guarderías son malas. Hacer una afirmación así es simplista y no tiene sentido. Es un dilema muy complicado.
Pero mi punto de vista como científico es que hay pruebas concluyentes de que cuanto más tiempo pasan en guarderías, los niños son más agresivos y más desobedientes. En otras palabras, cuanto más tiempo pasan lejos de los padres, los niños se portan peor. Ojo, no quiero decir que estemos creando psicópatas o asesinos en serie. Es un efecto leve pero irrefutable.

P.- Hay colegas suyos que dicen que ese efecto no es relevante.
R.- Desde luego, pero yo no estoy de acuerdo con ellos. Se trata de un efecto pequeño, sí, pero muy extendido. La mitad de los niños americanos pasa 30 horas a la semana lejos de sus padres durante el primer año de vida. En Europa la proporción es algo menor, pero poco a poco la alcanzaremos.
P.- ¿Influye o no en estos problemas la calidad de la guardería?
R.- Pues no. No influye. Estén en una buena o en una mala, los niños en guarderías son casi siempre más agresivos. En este asunto juegan tres factores distintos. La dosis de la guardería -horas, días y meses antes de ir al colegio-, el tipo -en grupos grandes o pequeños, por ejemplo- y la calidad. Por supuesto, cuanto mejor es la guardería, mejor se desarrolla el niño, pero la agresividad continúa ahí.
P.- O sea, que usted cree que los niños no deberían ir a la guardería demasiado pronto...
R.- No es tan sencillo. Es como preguntarle a un endocrino si es bueno o malo para tu cuerpo un plato de pasta a la boloñesa. Dirá: "Depende. Las proteínas de la carne son buenas, pero los hidratos de carbono, tomados en exceso, pueden convertirse en grasas". El problema con las guarderías está casi siempre en la dosis.
P.- Explique eso.
R.- Básicamente quiero decir que cuanto más va el niño a la guardería, más agresivo se vuelve.
P.¿Han averiguado por qué?
R.- No lo sabemos a ciencia cierta. Tenemos algunas ideas sobre cómo pasa, pero ninguna de ellas es concluyente.”
Entrevista realizada por Eduardo Suarez, El Mundo el 20.09.2008. Ver noticia

18/03/12

Oferta primaveral: Tenga un hijo pijo

El otro día, vi a un padre enseñar a su hijo las diferentes marcas de coche que había en un parking: "Ese es un Seat, cariño. Ese es un Volgswagen y es mejor. Ese es un Audi, es mejor que un Volkswagen. Y ese es un BMW, es mejor que un Volkswagen.  Luego hay el Ferrari, pero aqui no hay, ya te lo enseñaré." No pude creérmelo. Es cierto que la carrera por las marcas siempre me ha parecido un tema "infantil". Pero no de niños... De adultos Peter Pan. No de niños...

Hace poco, un niño de 6 años había jugado en la clase al juego de nombrar marcas de coche. El que no sabía, quedaba eliminado. El que más sabía, ganaba. ¿Cuantas categorías de cosas más sanas y más interesantes hay en el mundo para jugar a este juego? "Quedar eliminado" delante de 20 otros niños por no saber una cosa así con 6 años, además de fomentar el "marquismo" y el "pijismo", introduce en el mundo del niño una realidad que no pertenece, ni debe pertenecer a su mundo interior. En resumen, es de poco calibre educativo.

A continuación, un texto que trata de las implicaciones de este fenómeno, del Blog Familia Actual:

"Muchos niños y adolescentes están sufriendo una nueva forma de acoso (bullying) que consiste en el temor a ser rechazados por el grupo porque no van a la última, porque no visten ciertas marcas o no tienen el iPhone de ultimísima generación. A ese miedo a sentirse excluido por no dar la talla en un ambiente hiperconsumista, los ingleses le llaman brand bullying.
El fenómeno ha sido revelado por un estudio llevado a cabo por Unicef sobre la vida familiar en Reino Unido. Allí, según El País (21-11-2011), se hace “una radiografía de unos padres que sucumben a las demandas de tecnología, ropa o zapatillas deportivas de las marcas con más estatus, en un esfuerzo por proteger a sus retoños de un entorno hiperconsumista”. Deberíamos dar a los hijos menos cosas materiales y más bienes intangibles, como el tiempo, la dedicación, el afecto, la educación
En esta carrera por estar a la altura o por seguir el ritmo de consumo que exige la sociedad, muchos padres se dejan la piel y caen en la trampa consumista. De manera sagazmente planeada, la escotilla se convierte en un círculo vicioso, de manera que hay que trabajar más para poder consumir más y hay que consumir más porque el exceso de trabajo quita tiempo, y la falta de tiempo genera, como un efecto de compensación, el consumo. La necesidad de consumir se debe muchas veces a un déficit afectivo que tiene su causa en la necesidad de consumir. El círculo se mueve a una velocidad vertiginosa.
Es una realidad que la están viviendo muchos niños y adolescentes: necesitan tener para ser aceptados; para ellos, las marcas marcan, y carecer de lo que “todos” disponen les convierte en carne de brand bullying. Una vez inmersos en la rueda del frenesí consumista, les va a resultar muy difícil salir, porque les hemos dado gato por liebre: juguetes por tiempo y cosas por afecto. Hemos querido suplir con alta tecnología nuestra baja cuota de dedicación familiar.
También los padres. Pero los padres también somos víctimas del consumismo, también nos ha atrapado en sus redes, nos ha metido en su rueda. Ahora bien, los hijos sufren directamente las consecuencias, podríamos decir que ellos están en la calle y deben enfrentarse a un mundo en el que prima el principio del “vales lo que tienes”, la “regla del iceberg”: si no despuntas te quedas sumergido, es decir, que simplemente no puedes respirar. Una sociedad montada sobre el consumismo, que además está sufriendo una fuerte crisis económica, tiene que romper por alguna parte. La forma más violenta la vimos en el mismo Londres este verano: jóvenes y adolescentes asaltando tiendas.
Ernst Schumacher decía en los años 1970 que la virtud que más necesita nuestra sociedad es la sobriedad. En efecto, en un ambiente hiperconsumista como el que nos envuelve, mucho más extremo que hace cuarenta años, la sobriedad es la mejor vacuna. Quizá de lo que más necesidad tenemos hoy día es de carecer. Por eso, no estaría de más que diéramos menos a nuestros hijos, menos cosas materiales y más bienes intangibles, esos que no pesan pero que dan peso personal, como el tiempo, la dedicación, el afecto, la presencia, la educación, etc. El error de muchos padres es que atienden a los deseos y caprichos de sus hijos, cuando lo que deben hacer es atender a sus necesidades, materiales y afectivas. Si hacemos lo primero, estamos comprando boletos para que se conviertan en déspotas caprichosos; si lo segundo, invertimos en activos convertibles en oportunidades para crecer y madurar.
Para prevenir a nuestros hijos del nuevo bullying podemos comenzar predicando con el ejemplo. Si nosotros estamos atrapados en la rueda del consumismo, si la excursión familiar del fin de semana consiste en visitar unos grandes almacenes, si sólo hablamos de qué coche me gustaría tener, del próximo teléfono móvil o de “mira fulanito qué casa tiene”, estaremos metiendo a nuestros hijos en un remolino que los absorbe hacia un agujero sin fondo. Consumamos cariño, sentido del humor, ganas de hacer bien las cosas, exigencia, alegría… y evitaremos que ellos queden consumidos por el consumismo." (Autores: Pilar Guembe y Carlos Goñi)

14/03/12

La madurez: la explicitación de la niñez


A continuación, el fragmento de un libro delicioso, "La Admiración: saber mirar es saber vivir" (EINUSA), de Miguel-Ángel Martí García, Catedrático, de Filosofía.


"No es bueno pasar muy por encima del mundo de los niños. Ellos sin saberlo, a condición de que les observemos, pueden enseñarnos muchas cosas. El brillo de sus ojos manifiesta la admiración que les produce la realidad. La primera vez que algo se nos manifiesta tiene la virtualidad de convertirse en un momento único, al que volveremos muchas veces a lo largo de nuera vida. Los primeros colores, olores, sensaciones nos marcan para siempre. El niño vive admirado, nada, o casi nada, le es indiferente. Y nosotros, los adultos, que corremos el riesgo de estar de vuelta de todo, necesitamos como tabla de salvamento volver a lo que fuimos, a nuestro primer mundo donde con tanta viveza aprendimos a relacionarnos con las cosas. Las etapas de la vida, no se yuxtaponen unas a otras, sino que están atravesadas por el mismo diseño biográfico. Se ha dicho que la madurez no es otra cosa que la explicitación de la niñez. En esta afirmación sí que se remarca el nexo existente entre estas dos etapas de la vida. Es necesario, de alguna forma, volverse como niños, si queremos recuperar el encanto que el mundo nos ofrece. No es fácil retomar la ingenuidad propia de los niños. Porque no se trata de instalarse en un estado bobalicón, sería peor el remedio que la enfermedad, sino de recuperar lo que de genuino tiene la vida. La realidad del adulto está muy maquillada, difícilmente se redescubre en ella los rasgos originarios, y a veces se desdibuja tanto el trazado de la propia biografía infantil, que se hace difícil encontrar el referente; entonces nos hallamos en una situación crítica y poco esperanzadora, porque no hay dónde volver. Y todos necesitamos volver para reconocernos a nosotros mismo. No se por qué el mundo de los niños se mira tan de soslayo, como si no fuera con nosotros, cuando en realidad es nuestro punto de referencia más importante. El mundo de la psicología y de la medicina van por delante haciéndonos ver la importancia de la infancia y la estrecha unidad que existe en las distintas etapas de la biografía de un hombre. De los niños hemos de aprender a admirarnos, porque las cosas tienen la virtualidad de producir admiración, si nosotros no interponemos nuestros dudosos intereses personales."

03/03/12

"Sólo quienes tengan cerebro y no cráneo sobrevivirán"


Estar fascinado es estar atraído, seducido, embrujado… por un poder de atracción, una fuente de estimulación exterior al sujeto. La fascinación hipnotiza. Es placentera porque saca a uno del coma agonizante de su apatía provocada por la sobre estimulación de los sentidos. Es la droga barata del siglo XXI. 

En cambio, el asombro es un proceso voluntario que se inicia desde lo más profundo de la persona. En tiempos como los actuales, en que tantos se preguntan por la clave de un proceso educativo exitoso, los pedagogos harían bien de acordarse de la siguiente frase de Tómas de Aquino, “El asombro es el deseo para el conocimiento”. De allí la importancia de proteger este mecanismo con la que cuenta la naturaleza para que cada uno pueda vivir una existencia verdaderamente personal.  

Os dejo con un excelente artículo de José Quintano, profesor de colegio, que trata de la diferencias entre fascinación y asombro. 

"Soy una persona anticuada que cree que leer libros es el pasatiempo más hermoso que la humanidad ha creado". Eso decía Wyslawa Szymborska, premio Nobel de Literatura en el 1996. Murió hace poco, ya en febrero de 2012. En La Vanguardia se recogían estas palabras suyas. Sabía lo que decía. En la actualidad, el fútbol y las pantallas son los pasatiempos favoritos, que llegan a drogarnos, como dice perfectamente Suso de Toro en un fenomenal artículo publicado hoy mismo. Opina el escritor que es un cambio más que tecnológico: antropológico. Bien podría ser: el hombre es sumamente plástico. El uso indiscriminado de internet nos hace dependientes y potencia en nosotros otras capacidades nada despreciables. El problema es que disminuyen otras, algo más vitales, por lo visto. Es la diferencia entre el asombro y la fascinación, como me explicaba mi genial profesor de filosofía. La primera es motor de saber; la segunda, atonta, porque avasalla con tanto dato que no llega a ser dato porque no es asimilado. A base de recibir tantos inputs por segundo, hemos perdido la capacidad de recibirlos. Ya no miramos, sólo vemos. Eso sí: hemos ganado lo de manejarnos a gran velocidad por el ciberespacio. Somos ratas de internet. Ratas mareadas. Lo que decía Jean Guitton se está cumpliendo letra por letra. Ahora más que nunca, internet nos salvará de los idiotas perdidos, que sólo saben dónde están los datos. Lo que urge -ahora y siempre- es aprender qué significan las cosas y qué hago con el material que se me ofrece, una vez separados los datos ciertos de la escoria. Es decir, que a quien sonríe por el simple hecho acumulativo y cuantitativo de que "en internet está todo", se le borrará la sonrisa cuando piense -si llega tan lejos- que eso va en su contra en lo que a su mejor yo se refiere. Sólo quienes tengan cerebro y no sólo cráneo sobrevivirán. Y gracias a Dios, no son pocos. 
http://cartasenelolvido.blogspot.com

28/02/12

"Volver a vivir pausadamente", del profesor Vázquez-Dodero

A continuación un buen artículo para "leer con calma", del profesor Juan Carlos Vásquez-Dodero, del IESE Business School.  ¡Que disfrutéis!

"Uno de los posibles beneficios que puede tener el actual caos en que vivimos es devolvernos en el sentido del tiempo, que, a mi entender, habíamos perdido: todo es para ya, no hay un segundo que perder, todo es urgente. Hemos adaptado nuestras vidas a la nueva velocidad tecnológica. Todo se ha acelerado en unas décadas y muchas personas nos hemos amoldado a esta nueva pseudoexigencia social que tan malas consecuencias tiene.

La vida, la naturaleza, tiene sus ritmos. Pero la cultura de la eficiencia –más cosas en menos tiempo– nos ha impuesto una forma de vivir que podríamos resumir como: too much, too soon. Los ejemplos son constantes: desde el niño que no tiene un minuto para jugar, o sea para hacer lo que le venga en gana, porque sufre una agenda disparatada y llena de actividades extraescolares, que naturalmente no ha elegido él, sino sus eficientes progenitores, que se empeñan en que la criatura esquíe a los dos años, nade a los tres, juegue al tenis a los cuatro y así sucesivamente…; hasta el joven que, ya deformado, no encuentra tiempo para leer, ni para charlar, ni digamos el tiempo o el lugar apropiados para meditar. 

Lo de los adultos se ha convertido, en muchos casos, en un tema disparatado: no es que queramos llegar pronto a nuestro destino, sino que no soportamos un cuarto de hora de retraso en el AVE; hacer una simple cola de unos minutos exaspera a la mayoría; pedir, con la antelación adecuada un aplazamiento de cualquier entrega está mal visto; comer o cenar con tranquilidad no es de recibo, las sobremesas se han acabado; descansar sin hacer nada distinto de lo habitual no se lleva; esperar a que el ordenador cargue una aplicación o un programa nos pone nerviosos... Lo bueno es el fast food, el “pronto moda”, la película con escenas y secuencias de segundos, el visto y no visto... (...)

La nueva situación que vivimos en el mundo, y particularmente en lo que llamamos Occidente, nos obliga a hacer un nuevo planteamiento de todo lo que se refiere a la relación entre medios y fines: quizá la nueva escasez que exige ser austeros y medir bien los recursos que estábamos dilapidando favorezca que todos debamos reaprender a llevar bien algo que es natural en el ser humano: esperar, esperar pacíficamente. Porque no volverá a haber nunca más una o más personas esperando a que alguien llegue para atenderte en cualquier servicio. Desde los servicios de sanidad, hasta los espacios comerciales estaban llenos de empleados que se pasaban horas y días con poco por hacer, a la espera de que alguien llegara. “¿Sabes? –nos decíamos– me he renovado el documento de identidad y me he sacado un pasaporte, fotos incluidas, en una hora”. Está muy bien. La cuestión es ¿y qué? ¿para qué?, ¿para tener otro rato más para ver la tele?, que es a lo que muchas personas dedican una sorprendente cantidad de tiempo todos los días del año. Mejor sería leer un poco o hacer cualquier manualidad..., auténtica pérdida de tiempo... sin duda reconfortante." (Revista de antiguos alumnos del IESE, Enero, Marzo 2012, no.124)

20/02/12

Del niño trofeo al niño tirano


“Los papás famosos, desde David Beckham a Brad Pitt, hacen ostentación de sus niños como accesorios de moda, y el embarazo, que antes era el fin de la carrera para una actriz, se ha convertido en el acceso más directo a la portada de Hello o People: los pararazzi se pelean por fotografiar al último bebé de las grandes estrellas.  Las encuestas indican que en varios países, los muy ricos han empezado a tener familias más grandes. Los niños son ahora un símbolo de estatus, el homenaje definitivo en una cultura de consumo. Qué más da la mujer trofeo. Es la era del niño trofeo.” (Carl Honore, Bajo Presión)

Cuando dejamos de tener hijos como acto de generosidad y de considerarles como un regalo, los niños se convierten en trofeos.  Y del niño trofeo al niño tirano, sólo hay un paso.

Según sus padres, el niño trofeo es tan perfecto, que no se le puede corregir. Para que siga siendo muy “mono” y que se pueda “lucir” por ahí, los padres deben ceder a todos sus caprichos, para que no se ponga “desagradable” en público. “Mama, o me lo das, o bien te lío una que te vas a acordar”, amenazaba un niño de 4 años a su madre en un evento social. Cualquier cosa vale para evitar la pataleta. Compramos tranquilidad poniendo Nocilla en vez de jamón dulce en los bocadillos, o no exigiendo para que no se ponga en evidencia la poca autoridad que tenemos sobre nuestros hijos. Mantenemos nuestra conciencia tranquila por las horas que les quitamos, comprándoles todo el arsenal necesario para seguir luciéndoles y teniéndoles controlados.





Confieso que estoy horrorizada de ver pequeños que piden a gritos que les pongan límites, en vano. Niños a quienes nunca se les ha dicho “no” hasta el final... sin ceder. Son niños que conocen las reglas y se manejan bien con ellas para conseguir lo que quieren. En el mejor de los casos dan las gracias porque conocen “la formula”, pero son profundamente desagradecidos porque ha germinado en su interior la semilla del cinismo. Niños que pegan, que gritan, que rompen todo, que corren sin mirar delante, que escogen ellos mismos su ropa en las tiendas y en el armario, que siempre se quejan de lo que les cae en el plato, que se tragan entera la bolsa de ganchitos en 30 segundos, que abren los regalos de cumpleaños con aburrimiento, que responden mal a los adultos, que no miran a los ojos, y si lo hacen es con mirada desafiante. Y todo esto, sin consecuencias. Bajo la mirada pasiva de padres que han abdicado. Niños tiranos, déspotas en potencia. 

¿Y todo esto, cómo se reconduce? No tengo la receta, pero algunas ideas se me ocurren. Menos Actimel y más productos Hacendado,  menos lujos y más tiempo en familia, menos Wii y más bicicleta, menos recompensas materiales y más muestras de cariño, menos televisión y más paseos en la montaña observando la naturaleza. Aprendiendo que lo bueno y lo valioso lleva su tiempo y su esfuerzo.  Y sobre todo, saber decir “no”… y hasta el final.

El niño cuyos sentidos están saturados por el consumismo y cuyo corazón no siente agradecimiento, es un niño que ha perdido el asombro, la compasión y el contacto auténtico con el resto del mundo… y le costará recuperarlo.

¿No es curioso que a los niños nos cueste mucho darles lo que verdaderamente necesitan (fundamentos del apego de 0-2 años) y, sin embargo, estamos tentados a diario en darles lo que NO necesitan?  


05/02/12

Historias surrealistas que son reales

Hay historias surrealistas que son reales. Hace poco, me contaron que un parvulario había llevado a sus pequeños al “museo del miedo”. ¿El objetivo? Provocar en ellos un miedo “controlado” para acelerar el proceso de maduración psicológica. Vino al parvulario el psicólogo de turno, contratado para quitar el miedo a los padres reticentes. Y luego, ¡adelante con la actividad! No sé como acaba la historia, cuantos niños lloraron y cuantos no, cuantos tuvieron pesadillas y cuantos no, y cual era el porcentaje medio de aumento de madurez logrado.

A veces, hay padres que tienen miedo de que su hijos se queden atrás y todas las técnicas de "hipereducación", incluidas las más rocambolescas, valen para acelerar el paso de la infancia hacia la edad adulta. Estos padres olvidan que la infancia es un paso previo a la edad adulta que debe vivirse plenamente para que el paso se haga de forma armónica. Un infancia mal vivida puede dificultar el paso a la edad adulta, como lo explica el Dr. Dan Kiley, autor del libro "El Síndrome Peter Pan: El hombre que nunca crece" Según Kiley, el síndrome Peter Pan tiene como origen la dificultad del paso de la niñez a la edad adulta y la principal causa se encuentra en que el niño no haya vivido bien su infancia.  Michael Jackson era un caso claro de ello, le quitaron la infancia obligándole a cantar con los Jackson Five con cinco años, nunca quiso crecer y acabó su vida en su rancho que, no casualmente, bautizó como “Nunca Jamás”.

La infancia debe vivirse cuando toca, con todo lo maravilloso que conlleva esta etapa: la imaginación, el juego, el sentido del misterio, la inocencia, etc. Saltarse las etapas de la infancia, es despreciar el mecanismo con el que cuenta la naturaleza para asegurar un buen desarrollo de la personalidad. 

La infancia, es como la varicela.  Si no se pasa de pequeño, es más grave de mayor.

27/01/12

Facebook y la Infancia

Hace un año, me di de alta en Facebook.  Como aquel que va a ver una película porque "no te la puedes perder". Cada domingo a la noche me conecto con cierta expectativa, pero también con una buena dosis de reticencia.  

¿Expectativa?  Porque siento otra vez las cosquillas que sentía cuando descubrí el mail hace 20 años: "You've got mail!".  Era como recibir una carta del cartero.  ¡Que ilusión!  Ahora el mail está tan saturado que la ilusión de recibir un correo se ha ido marchitando y provoca a veces hasta agobio.  En Facebook, siento de nuevo la ilusión. También me ha permitido conectar con gente muy amiga con quien no había tenido contacto en años. 

¿Y por qué siento reticencia? Es que todavía no entiendo el concepto. Están allí diálogos de gente que apenas conozco, amigos de amigos, compartiendo sus intimidades con medio mundo. Hay gente que ha decidido hacerme partícipe de sus vidas y se lo agradezco mucho, pero me siento incómoda. Me recuerda la sensación que tenía al visionar La Ventana Indiscreta de Hitchcock.  Sé que poner en cuestión algo mientras está en la cresta de al ola, es una locura socialmente, pero ¿no es curioso que la gente no siente este ataque a su pudor? Todos estamos de acuerdo en que aquel señor que habla fuerte en el tren, para que todos oigan sus aventuras profesionales y personales, es un indiscreto y provoca indignación en el resto de los pasajeros, ¿no? Por lo menos, en el tren sólo te enteras de la mitad de la historia...


También tocan a la puerta de mi espacio virtual gente que desconozco, que seguramente no se atreverían a cruzar mirada conmigo en la calle.  Pero como estamos en una dinámica virtual, pues no hay vergüenza.


El otro día, me contaba un profesor de universidad, que la última ilusión de las compañeras de su hija de bachillerato era colgarse la foto en biquini en Facebook. Y la de sus alumnas de universidad, de colgar la foto de su cabeza, pegada al cuerpo "fotoshopeado" de una modelo desnuda. Me sorprendí, todavía no habían tocado a mi puerta virtual aquellas niñas. 

Quiero compartir con vosotros un vídeo de un minuto realizado por "Save The Children"  y que ganó varios premios.  "Es necesario que los niños sepan utilizar las herramientas virtuales". Son de aquellas frases que si te atreves a matizarlas, estás arrinconado socialmente. Como aquel niño diciendo públicamente que el Emperador iba sin ropa por al calle. Y pregunto: ¿Es necesario que un menor de 18 años esté de alta en Facebook (a parte de que es ilegal)?  ¡Que difrutéis!