14/1/12

¿El último Einstein en casa?

Por Catherine L'Ecuyer

El otro día, nos comentaba un amigo que su hijo había ido al cumpleaños de un compañero de su clase en el cual habían contratado los padres un Catedrático para realizar experimentos químicos para los niños de ocho años.  Ya se ve que el payaso ha pasado de moda…  

¿Hasta donde estamos dispuestos a ir para que nuestros hijos coticen profesionalmente? ¿Cuantos padres caímos en la peligrosa trampa de sentir cosquillas al pensar que podríamos tener al último Einstein en casa?  Extra escolares, Kumon, piano, chino, tenis… Algunos ya empiezan desde el momento en el que el niño puede levantar la cabeza en una tumbona para ver Baby Einstein, una serie de dibujos infantiles de lo más hipnótico, que tuvo una fama internacional porque era supuestamente “beneficioso para el desarrollo del niño”.  Cuando se pidió a Baby Einstein que hiciera la prueba del mérito educativo, no lo pudo hacer. Es más, cuando un grupo amenazó de demandar a Baby Einstein basándose en algunos estudios que relacionan la temprana exposición de los bebés a la televisión con déficit de atención, se retractaron y devolvieron el dinero a todos los padres descontentos. Ver noticia.

Según unas recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría, los niños de menos de 2 años no deberían estar expuestos a la pantalla, ni para ver un DVD por muy educativo que sea.

El mismo Einstein no empezó a aprender a leer y escribir antes de los 8 años. La gran mayoría de los países que encabezan anualmente el informe PISA son países en que los niños están escolarizados más tarde y empiezan a aprender a leer y escribir a partir de los 6 o 7 años.  ¿El secreto? Para poder asimilar  información de forma armoniosa, un niño tendrá que tener atendidas sus primeras necesidades.  Solo un niño que ha percibido que se le ha atendido sus necesidades básicas en sus primeros 2 años de vida (afectivas, fisiológicas, etc.) tendrá una afectividad ordenada. Un niño cuya afectividad esta consolidada (apego seguro) se considerará competente ("valgo la pena" = "soy competente") y seguro para poder asimilar los conocimientos de forma sostenible.

Sin embargo, seguimos encontrándonos con el paradigma de que hay que bombardear el niño con estímulos desde que nace para que sea genial.  Como decía el propio Einstein, "es más fácil destruir un átomo que un prejuicio"...