8/2/14

Cambiarlo todo para que todo siga igual

Por Catherine L'Ecuyer

La semana pasada, salía un experto diciendo que había que presumir por estar a la cola de Pisa, poniendo en cuestión a Pisa como un barómetro fiable. No lo sé… No quito ni pongo, me pregunto: ¿No han sido, no son y no siempre serán importantes las matemáticas, la lectura y las ciencias? Quizás el Informe Pisa dejar de medir una serie de variables que también son importantes, y no hace hincapié en el "cómo" se llega a esos resultados, pero me parece que las pocas variables que se evalúan, no son banales. 

A continuación, un enfoque contrario al de esquivar responsabilidades. Escrito por dos españoles que han triunfado en los niveles académicos más altos en el extranjero. Dos personas que ven a su propio sistema con perspectiva. Para mí, ese articulo es "el artículo del año", porque pone el dedo en la llaga de muchos de los problemas sobre los que poco hablamos porque se da por supuesto que no hay otras maneras de educar. 

Entre ellos el protagonismo de la memorización y de la rutina como método educativo y la jerarquía como única y exclusiva fuente de sabiduría y en virtud de la cual hay que “aprendérselo” todo sin entenderlo y sin cambiar una sola coma, porque todo lo que viene del que manda es, por definición, la verdad. Una persona educada en ese paradigma podrá dificilmente llegar a conclusiones originales, o tener una mentalidad científica que le anima a buscar la verdad en todos los campos en los que debería usarse el método científico (entre ellos, la educación). Y podrá difícilmente ser verdaderamente libre y ejercer su libertad con sentido de responsabilidad personal, porque sin búsqueda de la verdad, no hay libertad. Como decía Tomas de Aquino, "una cosa que siempre está sujeta a la dirección de otra, es una especie de cosa muerta". 

Así que podemos cambiar leyes y métodos. Podemos gastar millones de euros en digitalizar hasta los cuartos de baño de los colegios para conseguir entretener la atención mermada de nuestros alumnos, adelantar contenidos con único fin de aumentar la dificultad, educar desde los 4 meses en la repetición de "buenos hábitos", evaluarles en primaria para memorizar y medir su velocidad de lectura (al margen de la comprensión lectora). Si no cambiamos la mentalidad, el paradigma que se tiene del alumno como una persona que tiene unos ritmos, unas necesidades que solo pueden ser atendidos con una atención personalizada, como una persona capaz de aprender desde dentro hacía fuera (educar = sacar lo mejor de uno), no una ente "programable" desde fuera hacía dentro (inculcar = enfoque conductiva), lo cambiaremos todo una y otra vez... para que todo siga igual…

¡Que disfrutáis del artículo del año!


Educación: cambiarlo todo para que todo siga igual

Jesús Fernández-Villaverde, Catedrático de Economía de la Universidad de Pensilvania y miembro de FEDEA. 
Luis Garicano, Catedrático de Economía y Estrategia en la London School of Economics y miembro de FEDEA.

Uno de los rituales más castizos de nuestra democracia es la enésima reforma educativa (siete en 35 años: 1980, 1985, 1992, 1995, 2002, 2006 y 2013). La ceremonia comienza con una propuesta de ley del partido mayoritario elaborada sin consenso con la oposición. Tras ella, se sigue con la pelea sobre la clase de religión y se culmina con el tira y afloja sobre las competencias autonómicas. De lo que casi no se habla es del contenido de la educación: ¿qué y cómo deben aprender los estudiantes para ser capaces de competir en el mundo en el que crecerán?

Este ritual se ha repetido de nuevo con la ley Wert. La ley tiene elementos positivos y que hemos defendido desde aquí y desde nuestro blog, NadaEsGratis. Por ejemplo, intenta reducir el abandono escolar temprano y aumentar la importancia de las matemáticas y la ciencia. Pero no incide en la cuestión clave: el protagonismo de la memorización y la rutina como método educativo.

La educación en España enfatiza la memoria, la repetición de tareas, la actitud pasiva del estudiante y la “dificultad” como un objetivo en sí mismo. Décadas de reformas y contrarreformas apenas han sido un barniz sobre este macizo pétreo del sistema. El resultado final es tristemente claro. Demasiados estudiantes españoles no saben construir un argumento, escribir, presentar en público o analizar datos. Cuando llegan a universidades extranjeras, buscan los apuntes y preguntan qué “entra” y qué “no entra” en el examen. No saben (nosotros tampoco sabíamos) hacer trabajos, leer artículos académicos, investigar con sus propios datos y llegar a conclusiones originales. Incluso los mejores estudiantes sufren de un bajo nivel de inglés y mínima iniciativa propia en el proceso de aprendizaje. Aquellos que se consuelan con el éxito de algunos de nuestros estudiantes en el extranjero (algo que, afortunadamente, ocurre cada vez más a menudo) quizá deberían preguntarse cuántos alemanes, italianos o franceses triunfan en similares situaciones por cada español al que le va bien.

Parte del problema es de medios: la educación nunca ha disfrutado en España del apoyo suficiente. Formar estudiantes creativos es más costoso que dictar apuntes. Los actuales recortes agravarán aún más la situación y ponen en peligro los muchos centros de excelencia que, a pesar de todo, han ido surgiendo en España en las tres últimas décadas.

Pero otra parte muy considerable del problema es de mentalidades. Cuando uno mira lo que estudian los niños, ve grandes listas de ríos y, año tras año, la misma historia de los fenicios que ya memorizaron en el curso anterior. Cuando se comparan estos materiales con los que se cubren en nuestros vecinos del norte de Europa, mucho más centrados en el desarrollo de habilidades analíticas, la sorpresa es significativa. Todavía se puede escuchar a profesores de universidad presumir de que en su asignatura solo aprueban el 10% de los estudiantes, lo cual, más allá de las inseguridades infantiles que tales afirmaciones reflejan, nos preocupa por el desperdicio de horas y recursos que tal práctica acarrea. Finalmente, en la cima del sistema, la selección de los altos funcionarios de las Administraciones públicas se realiza por medio de un sistema de oposiciones decimonónico donde es más importante memorizar oscuros detalles de derecho administrativo que demostrar la habilidad para contrastar hipótesis o resolver problemas.

En definitiva, el sistema de aprendizaje, “repite lo que te he dicho y no cambies ni una coma”, es digno de una sociedad jerárquica en la que el saber viene de arriba y hay que “aprendérselo” todo (quizá esto explique la obsesión de unos y otros por controlar la educación para crear “adeptos”). Pero no de una sociedad donde la información está descentralizada y donde todos pueden disponer de ella y tenemos que ser capaces de encontrarla y analizarla.

Lo grave de nuestra situación es que estas mentalidades son mucho más complejas de cambiar que las carencias presupuestarias. La dificultad es que el sistema ha seleccionado para encabezar España a aquellos que mejor se han adaptado a él. Cuando explicamos a un economista (empecemos con nuestra profesión) que el grado de Economía no debe ser la acumulación de asignaturas de los más variados campos de la economía —aderezadas con Derecho y Administración de Empresas para rellenar—, sino el proceso de aprender a realizar un trabajo de investigación propio, llegando a conclusiones novedosas, se nos responde que eso no sirve para nada y que en todo caso no es lo que quieren los estudiantes. Y sí, desgraciadamente, es cierto: lo que los estudiantes exigen es que les den “los apuntes” para poderlos fotocopiar, memorizarlos y olvidarse de ellos lo más rápidamente posible. Cuando argumentamos con un ingeniero que son mejores carreras cortas, más generalistas, y que el éxito de una escuela técnica no se mide por el número de suspensos en Cálculo de primero de grado, sino en la cantidad de googles o facebooks que han creado sus alumnos, la respuesta suele ser que tales cambios “devalúan” el título (en qué consiste la “devaluación” nunca queda terriblemente claro, excepto como barrera de entrada a la profesión). Cuando tratamos de convencer a un alto funcionario de que pasarse tres años preparando una oposición no es la mejor manera de emplear el tiempo y que sistemas de selección como el británico, mucho más cortos, sencillos y basados en habilidades, se nos replica, por ejemplo, que cómo pretendemos dar una plaza de por vida a alguien que no “se ha sacrificado por ella”, respuesta fascinante desde el punto de vista antropológico, pero carente de sentido. (…)

Los que quedan abandonados en estas andanzas son, tristemente, las nuevas generaciones, que no reciben la formación necesaria y con ello hacen peligrar el futuro de España. Algunos, quizá muchos, sobrevivirán, fruto de su perseverancia o de la suerte de tener recursos financieros familiares que les permitan suplementar las carencias del sistema. Pero muchos otros, demasiados bajo cualquier métrica, se perderán en la cuneta. Esto es inaceptable. 

3 comentarios:

Noelia López-Cheda López dijo...

Qué bueno Catherine, como siempre. Todo mi apoyo para que esto cambie de una vez. ¿Cómo tenemos que hacerlo?

Anónimo dijo...

Los diagnósticos que uds hacen de la educación en España coinciden con lo que nos pasa en Chile. Con el dramático agregado que el sistema neoliberal aplicado en Chile: de un sistema de economía de mercado se ha llegado a constituir una sociedad de mercado con todas sus implacables consecuencias para la educación y para toda nuestra sociedad.  En Chile curiosamente hay unanimidad de nuestro "apartheid educacional" pues la segregación que han hecho en la educación ha sido inmisericorde. 
Me sorprende que uds tan cerca de Finlandia estén inmune a su educación.
Los pilares de la UNESCO: "Saber ser, saber hacer, saber conocer, saber convivir" son paradigmas de aceite para un sistema vinagre. "Cuando el ser humano piensa, la sociedad tambalea". La crisis casi globalizada, con países de excepción, es la crisis de una humanidad descentrada de su identidad cuerpo, alma, espíritu con sus correlatos valóricos... verdad bien y belleza.
La metodología imperante inhibe o no deja respirar el aprendizaje. En su sustrato están los paradigmas de dominación. Juan Pablo II en la UNESCO
1980: catapultó una afirmación que da para estudiarla un año: "Existe en el mundo una renuncia sistemática a la sana ambición de ser persona".
Como siempre muy agradecido y suelo dar a conocer su página y creo que hay personas que se han suscrito.  Un fraternal abrazo y de admiración por su vocación.
Pedro Aranda Astudillo

Catherine L'Ecuyer dijo...

Buena pregunta Noelia,
Pienso que el cambio el más sostenible empieza en el hogar. Hemos de educar a nuestros hijos en ese cambio de mentalidad.
Luego están los colegios, hemos de pedir que sean colegios de padres de verdad, para que el colegio sea continuación del hogar.
Un abrazo!
Catherine