2/5/14

"Todo es cuestión de equilibrio"

Por Catherine L'Ecuyer

"Todo es cuestión de equilibrio."

Esa es la gran frase de las personas que no se quieren complicar la vida con grandes reflexiones o con pensamientos que pueden comprometer sus formas de actuar. La idea es: no mojarse. Siempre entre dos aguas, flotando como un funambulista en la onda de la superficialidad.

¿Cuántos dilemas se nos ha presentado la vida desde que hemos tenido a nuestro primer hijo? Estamos continuamente tomando decisiones sobre lo que hacen, lo que ven, lo que les rodea, quien les cuida, lo que comen, lo que escuchan, etc. Con la complejidad que puede tener el hecho de tomar las decisiones entre dos personas que no necesariamente coinciden siempre en todo (los padres), con un maestro que no hemos escogido, con unos familiares que tienen su peso lógico, con todas las otras personas que pueden accidentalmente influirles (jardinero, canguro, vecino, etc.). ¿Cuántas ocasiones tenemos de "mojarnos" y qué carrera de obstáculos se presenta  delante nuestro para no hacerlo? 

"Todo es cuestión de equilibrio", también es una forma elegante pero cínica de desmontar una postura, sin construir absolutamente nada en cambio. En realidad, es muy poco valiente porque no da la cara a la realidad, y no contempla las consecuencias de las acciones personales. Solo se busca comodidad. 

La solución no siempre se encuentra a medio camino entre lo que nos dice el sentido común y lo que "se lleva". 

"¡Pero es que la virtud es término medio!", responderán algunos perplejos. Eso decía Aristóteles, y tenía razón, claro.

Es cierto, la virtud como término medio, es una opción buena a mitad de camino entre dos opciones malas, una por exceso y la otra por defecto. Por ejemplo, el orden (tener a los niños jugando, y luego recogiendo) sería una postura a mitad de camino entre el desorden (tener a los niños que nunca recogen) y el "orden por el orden" (colocar a los niños delante de la pantalla durante todas las vacaciones, para que no desordenen la casa jugando). 

PERO no nos confundamos. La virtud como término medio, NO ES una opción "chipi chapo" entre una opción mala y otra buena: "Mama, me voy de botellón y me voy a emborracharme "un poco", y luego me compraré y consumiré "un poquito" de cocaína. Ya sabes, todo es cuestión de equilibrio como siempre dices tu." Eso se llama el efecto "boomerang".

En la educación, "todo es cuestión de equilibrio" tiene un efecto boomerang: los niños luego usan ese criterio con sus padres para neutralizar sus esfuerzos educativos. Viéndolo con un poco de perspectiva, el efecto boomerang puede no compensar por toda la comodidad que habremos comprado durante los años de la tierna infancia saliendo del paso con ese argumento.

Educar require tiempo y valentía. No hay atajos.
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3 comentarios:

Amor Pujol dijo...

¡Has dado el punto clave!
Gracias por tu reflexión.

Anónimo dijo...

Querida amiga, que razón tienes!
Gracias

María Riega dijo...

¡Me ha encantado! lo comparto.