28/2/12

"Volver a vivir pausadamente", del profesor Vázquez-Dodero

A continuación un buen artículo para "leer con calma", del profesor Juan Carlos Vásquez-Dodero, del IESE Business School.  ¡Que disfrutéis!

"Uno de los posibles beneficios que puede tener el actual caos en que vivimos es devolvernos en el sentido del tiempo, que, a mi entender, habíamos perdido: todo es para ya, no hay un segundo que perder, todo es urgente. Hemos adaptado nuestras vidas a la nueva velocidad tecnológica. Todo se ha acelerado en unas décadas y muchas personas nos hemos amoldado a esta nueva pseudoexigencia social que tan malas consecuencias tiene.

La vida, la naturaleza, tiene sus ritmos. Pero la cultura de la eficiencia –más cosas en menos tiempo– nos ha impuesto una forma de vivir que podríamos resumir como: too much, too soon. Los ejemplos son constantes: desde el niño que no tiene un minuto para jugar, o sea para hacer lo que le venga en gana, porque sufre una agenda disparatada y llena de actividades extraescolares, que naturalmente no ha elegido él, sino sus eficientes progenitores, que se empeñan en que la criatura esquíe a los dos años, nade a los tres, juegue al tenis a los cuatro y así sucesivamente…; hasta el joven que, ya deformado, no encuentra tiempo para leer, ni para charlar, ni digamos el tiempo o el lugar apropiados para meditar. 

Lo de los adultos se ha convertido, en muchos casos, en un tema disparatado: no es que queramos llegar pronto a nuestro destino, sino que no soportamos un cuarto de hora de retraso en el AVE; hacer una simple cola de unos minutos exaspera a la mayoría; pedir, con la antelación adecuada un aplazamiento de cualquier entrega está mal visto; comer o cenar con tranquilidad no es de recibo, las sobremesas se han acabado; descansar sin hacer nada distinto de lo habitual no se lleva; esperar a que el ordenador cargue una aplicación o un programa nos pone nerviosos... Lo bueno es el fast food, el “pronto moda”, la película con escenas y secuencias de segundos, el visto y no visto... (...)

La nueva situación que vivimos en el mundo, y particularmente en lo que llamamos Occidente, nos obliga a hacer un nuevo planteamiento de todo lo que se refiere a la relación entre medios y fines: quizá la nueva escasez que exige ser austeros y medir bien los recursos que estábamos dilapidando favorezca que todos debamos reaprender a llevar bien algo que es natural en el ser humano: esperar, esperar pacíficamente. Porque no volverá a haber nunca más una o más personas esperando a que alguien llegue para atenderte en cualquier servicio. Desde los servicios de sanidad, hasta los espacios comerciales estaban llenos de empleados que se pasaban horas y días con poco por hacer, a la espera de que alguien llegara. “¿Sabes? –nos decíamos– me he renovado el documento de identidad y me he sacado un pasaporte, fotos incluidas, en una hora”. Está muy bien. La cuestión es ¿y qué? ¿para qué?, ¿para tener otro rato más para ver la tele?, que es a lo que muchas personas dedican una sorprendente cantidad de tiempo todos los días del año. Mejor sería leer un poco o hacer cualquier manualidad..., auténtica pérdida de tiempo... sin duda reconfortante." (Revista de antiguos alumnos del IESE, Enero, Marzo 2012, no.124)