Por Catherine L'Ecuyer
Altos directivos de empresas tecnológicas multinacionales establecidas en el Silicon Valley –lugar conocido por ser cuna de las invenciones tecnológicas y epicentro de la economía tecnológica a nivel mundial- mandan a sus hijos a un colegio élite que hace bandera de no utilizar tecnología en sus aulas (ver noticia NYTimes).
Altos directivos de empresas tecnológicas multinacionales establecidas en el Silicon Valley –lugar conocido por ser cuna de las invenciones tecnológicas y epicentro de la economía tecnológica a nivel mundial- mandan a sus hijos a un colegio élite que hace bandera de no utilizar tecnología en sus aulas (ver noticia NYTimes).
Los padres trabajan en eBay, Google,
Apple, Yahoo y Hewlett-Packard. ¡Y sus hijos nunca han utilizado Google!
Escriben con lápiz y papel y sus profesores utilizan una pizarra tradicional.
No hay ni una pantalla en todo el colegio y el colegio desincentiva su uso en casa.
¿El argumento? El ordenador impide el
pensamiento crítico, deshumaniza el aprendizaje, la interacción humana y acorta
el tiempo de atención de los alumnos. Uno de los padres, el Sr Eagle, graduado
en tecnología y alto mando en Google, dice: “mi hija de quinto de primaria no
sabe como usar Google y mi hijo de tercero de segundaria está empezando a
aprender. La tecnología tiene su tiempo y su lugar (…) Es super fácil. Es como
aprender a usar pasta de dientes. En Google y en todos estos sitios, hacemos la
tecnología tan fácil que lo puede usar cualquier persona. No hay
razón por la cual los niños no puedan aprenderlo cuando sea mayores.”
Es que hasta la fecha, no existe
estudio que apunte a beneficios derivados de la utilización de los ordenadores
en las aulas escolares. Es más, el uso de las pantallas ha sido relacionado,
más de una vez, con problemas de aprendizaje y déficit de atención. También existe el riesgo que nuestros hijos lleguen a confundir el mundo digital con mundo real.
Hace poco, un profesor en un colegio en Catalunya decía a sus alumnos de 6 años:
“Hoy no podemos hacer religión porque no han llegado los ordenadores y religión
se hace en la pantalla digital”. ¿Es que Dios sólo existe cuando la pantalla esta
encendida, pensarán aquellos niños?
Llevemos la reflexión un paso más allá.
¿Somos completamente dependientes del entorno? Eso es lo que dice el modelo
mecanicista que considera a la persona, perdonad lo gráfico de la analogía,
como un “cubo de basura”: soló entra lo que le echas. Los niños educados según
este modelo van al cine, al cole, a sus extraescolares, andando por la vida
pensando eso, “a ver lo que me echan”. No. No somos completamente dependientes
del entorno, pero estamos a la expectativa de ello. Eso nos lo dice la
neurociencia y la filosofía, por lo menos. “El asombro es el deseo por
conocer”, decía Tomás de Aquino. Por lo que, sin tratar de demonizar las nuevas
tecnologías –quién habla en estos términos ha entendido bien poco de lo que está en juego en intentar retrasar su uso en la infancia-, hemos de poner en
cuestión todo aquello que ahogue este asombro, este empuje que nace desde
dentro del niño y que le hace cuestionarse, interesarse, imaginarse, buscar,
averiguar, inventar… en definitiva, capaz de pensar, que es lo propio de la
persona humana.
3 comentarios:
Artículo que me parece genial, hay que poner un poco de sentido común, como educadores, por lo que se refiere a las nuevas tecnologías!!!
Bueno, depende del uso que se haga. Si se usa para que los niños VEAN lo que ha trabajado el profe... pues no. Pero si es una herramienta para investigar, buscar, organizar ideas... que además es una parte entre otras 'tradicionales', no le veo tanta pega. Por cierto, estoy segura que esos niños vven en un entorno digital en sus casas...
El niño pequeño triangula continuamente entre el entorno que conoce y la persona que le quiere/su educador. Es su forma de conoce la realidad, y por ese motivo la pantalla no puede servir de intermediario entre el y la realidad. La pantalla no educa, no transmite valores, sentido. No se trata de demonizar la pantalla, pero de darnos cuenta de lo que nos estemos perdiendo en un mundo en 2 dimensiones... profundidad. Catherine
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