1/8/13

Un horrible espectáculo

Por Catherine L'Ecuyer

Cuanta tristeza siento cuando veo niñas pequeñas andar como mujercitas, con las uñas pintadas, los zapatos de tacones y las caderas bailando. Después de la mujer objeto, tenemos a la niña objeto. Esas niñas buscan desesperadamente llenar el hueco de afecto que hay en sus vidas, en el espejo de la aprobación de una sociedad que les juzga por su capacidad de suscitar deseo de posesión. Bellezas cosméticas, dispuestas a torturarse para sujetarse a las modas del entorno para conseguir un poco de atención para hacer subir artificialmente el barómetro de una autoestima aniquilada. Quizás encuentran allí la aprobación, ¿pero a qué precio? La de su inocencia... 

Nuestros hijos buscan y, ojalá, encuentran afecto y aprobación en la mirada tierna, exigente pero compasiva que tenemos hacía ellos. De ello depende que tengan o no una autoestima robusta. Pero hemos de ser conscientes de los "otros espejos" que compiten con la mirada que tenemos hacía ellos. Y por eso, os animo a ver esos dos horribles espectáculos (para edades diferentes), que yo no he podido ver hasta el final... 




Otro post sobre el tema del respeto de la infancia:
La pregunta equivocada

2 comentarios:

Carles Codina dijo...

Tens tota la raó del món, Catherine! Ja fa temps que em trobo enmig d'una tensió entre la valoració del llenguatge publicitari i la seva capacitat d'invocar sensacions i idees i el mal us que se'n deriva en promocionar models de comportament consumistes i banalutzadors de la identitat, sobretot de la sexual. Que bé estaria una campanya publicitària per promoure l'amor...

Betty Urban dijo...

Estoy totalmente de acuerdo; no entiendo ese afán de presentar a las niñas como mayores. Bueno, sí, entiendo que ahy todo un paln de cargarse la esencia femenina desde la infancia.

Gracias por la reflexión. Saludos.