Mostrando entradas con la etiqueta Infancia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Infancia. Mostrar todas las entradas

1/8/13

Un horrible espectáculo

Por Catherine L'Ecuyer

Cuanta tristeza siento cuando veo niñas pequeñas andar como mujercitas, con las uñas pintadas, los zapatos de tacones y las caderas bailando. Después de la mujer objeto, tenemos a la niña objeto. Esas niñas buscan desesperadamente llenar el hueco de afecto que hay en sus vidas, en el espejo de la aprobación de una sociedad que les juzga por su capacidad de suscitar deseo de posesión. Bellezas cosméticas, dispuestas a torturarse para sujetarse a las modas del entorno para conseguir un poco de atención para hacer subir artificialmente el barómetro de una autoestima aniquilada. Quizás encuentran allí la aprobación, ¿pero a qué precio? La de su inocencia... 

Nuestros hijos buscan y, ojalá, encuentran afecto y aprobación en la mirada tierna, exigente pero compasiva que tenemos hacía ellos. De ello depende que tengan o no una autoestima robusta. Pero hemos de ser conscientes de los "otros espejos" que compiten con la mirada que tenemos hacía ellos. Y por eso, os animo a ver esos dos horribles espectáculos (para edades diferentes), que yo no he podido ver hasta el final... 




Otro post sobre el tema del respeto de la infancia:
La pregunta equivocada

7/8/12

¿Hacemos la prueba del aburrimiento?

Por Catherine L'Ecuyer

Ahora que estamos de vacaciones, es un buen momento para observar a nuestros hijos en momentos en que no hay actividades estructuradas, ni sobre estímulos externos. Hagamos lo que llamo yo la "prueba del aburrimiento". Dejémoslos jugar libremente unas 2 horas con sus hermanos, sin juguetes, sin colchonetas, sin cromos, sin pantallas, sin bicicleta, en espacios abiertos en la naturaleza, y observemos como se desenvuelven. ¿Se entretienen solos, tranquilamente, imaginándose juegos, o bien se aburren y experimentan ansiedad y hiperactividad? No es normal que los niños de entre 3-6 años se aburran, porque su creatividad es infinita y, en principio, todavía poco contaminada. Cuando los niños se aburren, es que durante el resto del año, están condicionados por un ritmo de vida frenético, por un ambiente demasiado estructurado, o por niveles de estímulos demasiado altos. Si nuestros hijos pasan la prueba en la naturaleza, luego podemos repetirla en una sala de espera en el dentista o en el médico...  por supuesto, en aquellas en que no haya pantalla (quedan pocas...).

Adjunto una corta presentación en el muy conocido foro TedTalks, realizada por Dimitri Christakis, experto mundial en el efecto pantalla en los niños pequeños. Christakis argumenta, con mucha gracia, que los contenidos rápidos de la pantalla (cambios abruptos de escena, luces intermitentes, ruidos, etc.) que se ven hasta en contenidos muy infantiles, como Pocoyo o Baby Einstein, condicionan a nuestros hijos a unos ritmos extremadamente rápidos. Consecuentemente, la vida cotidiana les parece muy aburrida, lo que les provoca nerviosismo, hiperactividad y ansiedad. Esa es la razón por la cual muchos padres se quejan de que sus hijos "no pueden estarse quietos". En sus investigaciones, Christakis también asocia la sobreestimulación con la disminución de la aversión al riesgo, lo que explica el fenómeno del niño "kamikaze", el niño de más de 3 años que hace cosas muy peligrosas sin darse cuenta del riesgo que ello comporta. Lo hace buscando sensaciones nuevas, para aliviar su adicción a la sobreestimulación. 

En fin, un círculo vicioso, que debemos romper... adaptando el entorno del niño a lo que necesita su naturaleza, sus ritmos, su orden interior. En casa, en el colegio, etc. Os dejo disfrutar de la presentación de Christakis... ¡Buen verano!


20/11/11

El Ratoncito, los Reyes y otros misterios...

Por Catherine L'Ecuyer

“Cuando el niño haya llegado a la edad de razón, sus padres deberían tomar la iniciativa de decirle que no existen el Ratoncito, los Reyes, y todas estas cosas.  No vaya a ser que se entere por otros, y entonces los padres habremos perdido toda credibilidad”.  Últimamente, se multiplican estos consejos.  Los padres se quedan perplejos frente a la idea, pero suelen caer, ya que la amenaza de pérdida de credibilidad aterroriza, con razón.

¿Siempre ha sido así?  No.  Asistimos al fenómeno que la catedrática de antropología de la educación, Petra María Gómez, llama la “reducción de la infancia”.  Frustrar la imaginación del niño matando sus ilusiones y así acortar la infancia, esa etapa sagrada, es un fenómeno reciente.  Antes, no era así.  Y si a alguien le cabe la duda, puede consultar la edad media de caída de los dientes de leche y llegará a la conclusión de que si sólo pasa el Ratoncito antes de la edad de razón (7 años), recogerá como mucho tres dientes: el incisivo central superior, el inferior y incisivo lateral inferior.  Tres dientes, de los diez y seis dientes de leche.  Un triste negocio para el Ratón, quizás el principio de su extinción.  Sino del Ratón, de la tradición.

La perdida de la credibilidad de los padres frente a un hijo de 7 años es un argumento bien triste.  La relación de confianza entre padre/hijo se fundamenta en el vínculo de apego que existe entre ambos, no en haberle “chivado” un secreto.  De hecho, el niño cuyo amiguito le “chivó” el secreto en el cole, llegará a casa corriendo para preguntar a sus padres “si es verdad”. Siempre corrobora con los padres, porque en ellos tiene fe, no en el amigo.  Sus padres le explicarán la verdad con delicadeza, facilitando el paso del niño hacía el otro lado del misterio, pidiendo al niño que asume el papel de mantener el secreto con sus hermanitos y los amigos que no lo saben. La fe que tiene en sus padres trasciende al ratón.  El niño no tiene fe en el ratón, tiene fe en sus padres.

Cada niño tiene un proceso madurativo distinto y no hay regla fija de edad.  Cuando el niño está convencido del misterio y los padres le dicen que todo esto no existe, es como sin pincharán un globo teledirigido en pleno vuelo.  Caída libre...  En cambio, llega un momento en el que el niño por si solo se da cuenta que ni MRW tiene los recursos suficientes para distribuir tantos regalos a tantos hogares en unas solas horas. Y si los padres ven que el niño se acercar a este momento y sufre en sus intentos de reconciliar razón y misterio, siempre podrán facilitar un aterrizaje suave explicando que ellos actúan a modo de pajes para los Reyes, recordando aquel momento tan bonito en que estos presentaban los regalos al Niño Jesús en Belén, hace muuuchos años.  Pero no cabe duda en que la mejor preparación para este delicado momento es esperar a que llegue. 

Einstein decía "la mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que rinde honores al sirviente y ha olvidado al regalo". Matar a la imaginación, el asombro y la creatividad de un niño para inculcarle cuanto antes y contra su naturaleza una actitud razonable, es típico de una sociedad fría, cínica y calculadora. Einstein también decía: "El misterio es la cosa más bonita que podemos experimentar. Es la fuente de todo arte y ciencia verdaderos".