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9/8/12

¿No os suena esta prueba de Asterix?

Por Catherine L'Ecuyer

El sistema educativo, sin duda tiene sus repercusiones sobre la forma de trabajar de sus ciudadanos. En los sistemas educativos rígidos, en los que prevalecen una educación mecanicista, es decir en las que importa más el "qué" se hace, que el "para qué" de las actuaciones, suele prevalecer también un énfasis exagerado en lo que se llaman "las formas". Las formas son importantes, pero cuando se convierten en la razón de ser y nos olvidamos del para qué de la existencia, del quehacer, del trabajo, entonces acabamos como Asterix y Obelix, en una de las "12 pruebas" olímpicas: en la "casa que enloquece". En la casa que enloquece, no hay margen para la mejora continua, la crítica constructiva, la originalidad, la creatividad, el sentido común o la autoridad moral, se siguen escrupulosamente los protocolos, la zona de bienestar se encuentra en el estatus quo y solo se hace caso a la autoridad formal (que rara vez coincide con la autoridad moral). ¡Que disfrutéis de estos 2 minutos de parodia...!


Chesterton decía: "Loco no es una persona que ha perdido la razón. En realidad, loco es el que ha perdido todas las cosas menos la razón. Su mente se mueve en un círculo perfecto, pero demasiado estrecho."

2/8/12

"15 días en agosto"

Por Catherine L'Ecuyer

Adjunto un video, las vacaciones en un mundo conformista y consumista, visto con ojos de niño: "15 días en agosto". ¡Que tengáis unas muy buenas vacaciones en familia! 



17/4/12

La verdadera autoridad

Por Catherine L'Ecuyer

El Principito: ¿Y las estrellas os obedecen?
El Rey: Por supuesto –le dijo el rey-.  Obedecen al instante.  No tolero la indisciplina. (…)
El Principito: Quisiera ver una puesta de sol…  Dame el gusto… Ordena al sol que se ponga… (…)
El Rey: Tendrás tu puesta de sol.  Lo exigiré.  Pero esperaré, con mi ciencia de gobernante, que las condiciones sean favorables.
El Principito: ¿Y cuando esto sucederá?
El Rey: ¡Hem! ¡Hem! Le respondió el rey que consultó antes un grueso calendario - ¡hem! ¡hem! ¡será a las…  a las, será esta noche a las siete y cuarenta en punto!  Y verás como soy obedecido!” (El Principito)

El miedo al fracaso es una de las principales causas del conformismo. El conformista es mal perdedor. Prefiere no quejarse del estatus quo por miedo a perder la cara si no le hacen caso. Prefiere no exigir por miedo a encontrarse con un "no". En las sociedades conformistas, los jefes no tienen autoridad verdadera con sus empleados, tampoco tienen autoridad los padres con sus hijos, ni los clientes con sus proveedores, ni los ciudadanos con la clase política. Hay muchas quejas y murmuraciones, pero la gente no se manifiesta, y si está dispuesta a hacerlo es “cuando las condiciones serán favorables”. Es otra manera de decir: “no estoy dispuesto a perder la cara porque nunca van a cambiar las cosas; me manifestaré cuando vea que cambie el viento y que el entorno apoye mi punto de vista”. Cuando la mochila que llevamos está demasiado llena de cosas que no estamos dispuestos a perder (tiempo, prestigio, reputación, etc.), ¡quieto! En las sociedades conformistas, el punto de vista del entorno sólo cambia cuando cambia el que “manda”, o porque una corriente de opinión está públicamente normalizada. De ahí la importancia que se le da a la murmuración, actividad a la que se dedican los insatisfechos horas y horas, porque es la única manera de difundir un punto de vista distinto al que se lleva sin tener que perder la cara públicamente. En la sociedad conformista, la murmuración es  “la regla del juego” por excelencia y el "qué dirán" es clave, de ahí la importancia de mantener apariencias de "todo bien", dedicándole muchas horas al deporte de "hacer la pelota".

Karol Wojtyla decía que cuando las personas se adaptan a las exigencias de la comunidad sólo de forma superficial y cuando lo hacen únicamente para conseguir algunas ventajas inmediatas o para evitarse problemas, se producen pérdidas irremediables para la persona y para la comunidad. Y añade: De esta manera, la comunidad queda interrumpida o falsificada. Este estado de cosas sólo puede tener consecuencias negativas sobre el bien común, cuyo dinamismo brota de la verdadera participación.

Tener autoridad, no es “ganar” batallas. Tener autoridad es “mojarse”, dispuesto a llevarse un chaparrón, un buen chaparrón. Quien tiene mucho que perder lo tiene complicado. Tener autoridad es seguir batallando a pesar de que no estén favorables las condiciones. Seguir batallando contra la mediocridad y para la excelencia en culturas de inmovilismo nos da la autoridad que tanto echa en falta nuestra sociedad: la autoridad moral para el bien común.  

5/1/12

Feliz año según Einstein

Estoy saturada de escuchar la palabra "crisis", como cada uno de vosotros supongo. En este corto texto, Albert Einstein nos anima para el año 2012. Toda crisis tiene solución para el hombre de buena voluntad, salvo la incompetencia y el conformismo, dice Einstein. Dos crisis insalvables que son raíces de muchas otras... Dos crisis graves, porque nos afectan intrínsecamente como persona.  No somos lo que "nos pasa", sino que somos lo que hacemos y también lo que decidimos no hacer "haciendo el avestruz". 

"No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a las personas y paises, porque la crisis trae progresos, la creatividad nace de la angustia como el día de la noche oscura. Es de la crisis que nacen la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a si mismo sin quedar superado. Quien atribuye la crisis a sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más los problemas que las soluciones, la verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los paises es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin la crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.
Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos nuestro talento y nuestras habilidades para encontrar soluciones, acabemos de una sola vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla."


¡Os deseo un Año 2012, lleno de superación y de trabajos ordinarios extraordinariamente bien hechos! 

8/12/11

¿Quién es el guapo que le va a poner el cascabel al gato?

Por Catherine L'Ecuyer

Pau Casals decía, “La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa.” Si hay tanto conformismo y tanta falta de libertad en nuestra sociedad, es porque faltan “agitadores buenos”, gente libre y que piensa, como el niño del delicioso cuento que viene a continuación. Mucha murmuración, mucha queja, pero a la hora de la verdad… ¿Quién es el guapo que le pone el cascabel al gato?  

La Ropa del Emperador
(Extracto de La Ciudad Cautiva)

Érase una vez un emperador con tanta obsesión por los vestidos nuevos que gastaba en ellos todos sus caudales. Lo que más prefería era lucirlos en público. Un día unos embaucadores extranjeros le convencieron para hacerle el mejor de los trajes, tan sutil y refinado que gozaba de una supuesta cualidad: la de volverse invisible a los ojos de la gente ignorante, o bien ante cualquier persona inepta para el cargo que tenía. El emperador, presumido, se dejó convencer, pensando que con ese tipo de atuendo podría demás descubrir qué hombre en el reino ocupaban cargos indebidamente.

Los listos embaucadores pusieron en marcha los telares con hilo inexistentes.  Luego cortaron y cosieron con esmero la tela inexistente obteniendo el nuevo traje inexistente: todo ello ante los ojos atónitos del ministro, de los demás dignatarios, de los funcionarios de la corte y del propio rey.  Ninguno se atrevió a ser sincero. La mayoría, convencidos de no ser tontos, pensaron inmediatamente que no eran aptos para su cargo. Decidieron callar y fingir, aprendiendo de memoria los elogios que los expertos embaucadores hacían de los colores, la finura de la tela, sus dibujos, el corte, la caída del traje, etc. Finalmente, llegó el día de mostrarse el monarca en público estrenando el nuevo traje con motivo de una solemne procesión. Allí marchó desfilando ante todo el pueblo, que ya había sido debidamente informado, condicionando y educado sobre la naturaleza y las características especiales del nuevo tipo de prenda.

-¡Qué hermoso es el vestido nuevo del emperador! ¡Qué cola tan espléndida! Qué corte más ajustado! ¡Qué caída!

Nadie entre el gentío quería dejar traslucir que en realidad no podía verse cosa alguna, porque entonces no se lo hubiese considerado apto para su puesto, o se lo hubiese tenido por tonto.  Ninguno de los anteriores vestidos del emperador había tenido tanto éxito. 

-¡Pero si va desnudo! –exclamó de pronto una niña
-¡Oh, santa inocencia! –dijo el padre.  Y todo el mundo comentaba lo que la niña había dicho.
-¡Va desnudo: una niña dice que el emperador va en pelota viva! –gritó a la postre toda la gente.

El emperador se estremecía, porque sabía que era verdad; pero pensó “la procesión no se detenga, la exhibición continúe, tiremos para adelante”, se mantuvo más tieso que nunca, mientras los camarlengos aguantaban en el aire la cola del vestido ficticio.

Ese cuento es el cuento favorito de mis hijos. Siempre comento con ellos que es llamativa la actitud del emperador. Una mentira atrae otra y se hace cada vez más difícil rectificar. Pero es todavía más llamativa la actitud de los que trabajan para el emperador: "Nadie entre el gentío quería dejar traslucir que en realidad no podía verse cosa alguna, porque entonces no se lo hubiese considerado apto para su puesto, o se lo hubiese tenido por tonto." Es sencillamente genial. 

Que nuestros hijos sean personas enteras y verdaderas que no venden su alma por cuatro duros con tal de gustar a los demás o de no destacar de la masa. Ojalá siempre hagan lo que consideran bueno, verdadero y bello, en consciencia. Y nosotros también, porque ellos nos miran y hacen lo mismo...