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29/1/13

Asombro, respeto y autoridad


Por Catherine L'Ecuyer

¿Cómo conseguir que los niños tengan respeto para el conocimiento y para quien se lo transmite? 

Podemos enseñar a los niños una serie de conceptos, de nombres de cosas, llenarles de datos como si fueran máquinas inteligentes, pero si no conseguimos que el preámbulo de ese conocimiento tenga como origen el asombro, no solo el aprendizaje no será sostenible, sino que además no tendrá sentido. En el aprendizaje sin asombro, los niños no tienen respeto verdadero por lo conocido, porque el sentido del asombro es lo que hace que uno contemple la realidad con humildad, agradecimiento, deferencia, sentido del misterio y admiración. Esa actitud de respeto repercutirá lógicamente sobre la forma en que el niño considera y respeta a las personas que actúan como intermediario entre él y el milagro de la realidad, tanto en el ámbito familiar como educativo. Ese efecto puede explicar muchos de los problemas que nos encontramos hoy en día en nuestros hogares y en nuestras aulas y que equivocadamente pensamos poder resolver con métodos que contemplan indicadores mecanicistas como por ejemplo el autoritarismo y el permisivismo. 

No se impone la autoridad en la enseñanza, ni se gana a base de no exigir o de hacerse el inmaduro, sino que se genera respeto a través del sentido del asombro para lo que se descubre.

2/9/12

Sobre el asombro... hoy en La Vanguardia

Hoy en La Vanguardia, dos artículos en Temas de Debate sobre Juego y Aprendizaje, escritos por Ignasi de Bofarull y Catherine L'Ecuyer, en los que se habla de asombro. (ver enlace en La Vanguardia)


TEMAS DE DEBATE
LA VANGUARDIA
2 de septiembre 2012

Juego y aprendizaje
Los niños de los últimos veinte años se están perdiendo lo mejor del juego: descubrir el mundo, adentrarse en la realidad. Son niños programados para un sinfín de actividades que les han apartado del ocio de siempre, de la naturaleza, la soledad y el silencio. Un ruido ensordecedor acalla sus preguntas, las estridentes pantallas interrumpen el aprendizaje lento de todo lo maravilloso que hay que descubrir por primera vez.

Niños que juegan: pequeños emprendedores
Ignasi de Bofarull

Numerosos estudios señalan que los niños (de entre 3 y 7 años) de las últimas décadas son menos activos y pasan mucho menos tiempo que anteriores generaciones en espacios abiertos y en la naturaleza. Estos niños desarrollan, a menudo, estilos de vida muy sedentarios ligados a un consumo excesivo de televisión y videojuegos.  La investigación está demostrando que el juego no estructurado en entornos naturales, o abiertos e inspiradores, aumenta la autoeficacia de los niños entendida ésta como la consciencia de la propia capacidad/habilidad de resolver problemas y de alcanzar objetivos. Una auto-eficacia que va a dinamizar algunas funciones ejecutivas como: a) la capacidad de fijar metas; b) de inhibir la respuesta y evitar la impulsividad; c) de focalizar la atención; y d) de perseverar en la acción. La total ausencia de juego libre en entornos naturales, o por lo menos en entornos amplios y atractivos, podría suponer consecuencias en su desarrollo cognitivo, en la maduración neuronal, es decir, en el despliegue del propio talento. La investigación señala incluso que el juego en estos entornos reduce los síntomas del déficit de atención en algunos niños. En general crece la sociabilidad y se mejora, para poner un ejemplo, en asuntos tan vitales como respetar los turnos del juego sin perder el control.

Además se ha constatado el hecho de que el exceso de pantallas va ligado a menudo al consumo de alimentos muy calóricos. En España se ha triplicado en los últimos treinta años el número de niños con sobrepeso (llegando al 26,1%) u obesos (llegando al 19,1%). El niño que juega en entornos abiertos/naturales gana en experiencias llenas de realidad y sobre todo despliega actividad física. Por su parte el niño pasivo, cuando la sobrestimulación de las pantallas desaparece, puede convertirse en un ser que anda entre el aburrimiento  y la ansiosa búsqueda de nuevos estímulos externos reclamando mucha atención de los adultos. Existen investigaciones que señalan que el exceso de exposición a las pantallas podría suponer problemas de atención a partir de los 7 años.

El juego infantil es aprendizaje. John Dewey, Maria Montessori, Jean Piaget, Lev Vigotsky, Jerome Bruner entre muchos otros expertos, psicólogos y pedagogos señalan como el juego está detrás del desarrollo de las funciones cognitivas, del lenguaje, de la maduración motora. Sin embargo parece que muchos padres y algunas escuelas no se lo creen o por lo menos actúan como si no se lo creyeran. 

Los niños de estas edades quieren jugar para saberse capaces, lograr que las cosas funcionen, construir artefactos que les hablen de sus progresos: quieren resultados, logros (un ejemplo casi universal es que a los niños les gusta construir cabañas en entornos naturales). Y esos logros son motivadores y nacen de poner atención y esfuerzo en actividades a menudo diseñadas por ellos mismos y en otras ocasiones sugeridas por cuidadores (padres, maestros, monitores). Otros niños más pasivos intentan  menos cosas pues tienen menos éxito en sus iniciativas quizá por falta de confianza o de entrenamiento. A menudo también por la baja calidad de sus funciones ejecutivas: son niños pasivos que podrían decirse a sí mismos: “como nunca me sale nada bien mejor no lo intento”. El filósofo y pedagogo José Antonio Marina relaciona las funciones ejecutivas con un concepto global, La inteligencia ejecutiva, título de su reciente libro. Da que pensar.

Para estos niños vencer cada reto es un nuevo juego con agradables recompensas. Sin embargo los desafíos que plantean las pantallas, sobre todo los videojuegos, son menos estimulantes y a menudo más solitarios. Ante la consola las habilidades visomanuales, entre otras, pueden prosperan, y existen destacables videojuegos educativos: pero son la solución de un momento. Lo que el mismo niño quiere, desea, elige, si le dan la oportunidad, es el juego libre, a veces dirigido, en entornos abiertos. Allí focalizan sus intereses y descubren aspectos ante los cuales quedan prendados, asombrados. Tal como señala Catherine L’Ecuyer en su libro Educar en el Asombro: “El asombro tiene un papel clave en el aprendizaje del niño

Para los niños la belleza, el silencio, la aventura desencadenan torrentes de intereses y preguntas que están ausentes ante una pantalla que sobrestimula sin invitar a la acción y a la pregunta. En un tono más ensayístico y metafórico se podría decir que, antes de que las pantallas les hagan enmudecer, muchos niños, si juegan de verdad, son pequeños emprendedores llenos de curiosidad e ideas.

Aprender desde el asombro
Catherine L’Ecuyer

¿El aprendizaje se inicia desde dentro de la persona, o desde fuera? Platón decía que el asombro era el principio de la filosofía. La constatación de que algo es, mientras podría no ser. Tomás de Aquino hablaba del asombro como “el deseo para el conocimiento” y Chesterton decía que “del asombro parte la llama que ilumina los cuentos de hadas.

Por otro lado, Dan Siegel, neurocientífico americano, afirma que existe algo más allá de la organización neurológica, una realidad intangible que actúa como motor de la persona. Según él, estaríamos a la expectativa del entorno, pero no completamente dependientes de ello. Y si es así, entendemos perfectamente el mecanismo por el que los niños que juegan aprenden más fácilmente que los que están entretenidos desde fuera hacia dentro.

Cuando se plantea el aprendizaje desde fuera hacía dentro, llenando la agenda de un sinfin de actividades estructuradas, los estímulos lo hacen todo por el niño porque sustituyen al asombro. El niño se acostumbra a niveles de estímulos cada vez más altos, por lo que su entorno cotidiano finalmente les aburre.

Esfuerzo y disciplina deben ir delante del caos controlado del juego libre, a través del cual la persona aprende desde la invención y el descubrimiento. El juego libre se caracteriza por el silencio que permite la reflexión y la concentración, imprescindible para la asimilación de los aprendizajes. El ruido continuo de las pantallas impide a nuestros hijos saborear la fibra misma de la vida y asombrarse por su belleza intrínseca, menos ruidosa pero no por ello menos importante.

Así que cuando nuestros hijos se encuentran en la naturaleza, primera ventana de asombro de la infancia, y se sorprenden por el mero hecho de que la luna exista, ¡es que están filosofando! Es posible que lo veamos como una pérdida de tiempo, en el mundo frenético y utilitarista en el que estamos inmersos. Pero este asombro por lo que les rodea, es lo que les llevará a ser ingeniosos, creativos. Desde el asombro, mirarán al cielo buscando explicación por la desaparición del humo que sale de las chimeneas, acercarán las hojas a las pinzas de la tijereta para ver si se hace con ella y en la playa empezarán a inventarse tesoros por excavar. Todas estas preguntas y aventuras que parten del asombro de nuestros pequeños filósofos, si encuentran un entorno fértil en el juego libre, son el preámbulo de una reflexión todavía más profunda sobre los misterios y las leyes de nuestro mundo.

18/5/12

El asombro: lo que suscita interés por una historia


Por Catherine L'Ecuyer

Según un reciente estudio americano, lo que hace que una historia se trasmita más rápidamente en la red por el boca a boca, es el asombro que provoca en sus lectores.

En el estudio, realizado por la Universidad de Pennsylvania, analizaron una serie de variables con respecto a la comunicación de varios artículos del New York Times cada 15 minutos durante más de 6 meses. Contrariamente a la creencia popular según la cual la gente buscaría contenidos cortos, historias superficiales, frívolas, escabrosas o morbosas, los que tuvieron más éxito fueron los contenidos más positivos, más largos y que provocaron asombro en sus lectores.

El estudio define asombro como “una emoción de trascendencia personal, un sentimiento de admiración y de elevación frente a algo que supera a uno. Invoca la apertura y la ampliación del espíritu y una experiencia que hace que uno pare para pensar.”

Ese es todo un descubrimiento para el mundo del marketing on-line y para los autores de ficción. Pero puede que lo sea también desde el punto de vista de la persona, y más especialmente de la pedagogía. El asombro es lo que suscita interés por parte de las personas. ¿Y si el asombro no fuera un mero sentimiento? ¿Y si fuera, como dice Tomás de Aquino, el principio del conocimiento? ¿Y si el asombro preexistiría como algo innato en la persona? Si es así, entonces este descubrimiento tiene implicaciones mucho más allá del marketing on-line. Puede que hayamos dado con una realidad, el asombro, que trabaja demasiado a ciegas, por no encontrarse con qué ponerse en marcha… contenidos de calidad y que amplían los horizontes de la razón. Contenidos bellos. Porque la belleza provoca el asombro. 

14/5/12

Yo no doy el mundo por supuesto

"Yo, no doy el mundo por supuesto", decía Chesterton. Esa es una actitud de asombro. El asombro de quien se admira porque las cosas son, mientras podrían "no haber sido". Esa actitud es la que inspiró el video "Valora la Vida", realizado por la Fundació Josep Carreras. Precioso.


14/3/12

La madurez: la explicitación de la niñez


A continuación, el fragmento de un libro delicioso, "La Admiración: saber mirar es saber vivir" (EINUSA), de Miguel-Ángel Martí García, Catedrático, de Filosofía.


"No es bueno pasar muy por encima del mundo de los niños. Ellos sin saberlo, a condición de que les observemos, pueden enseñarnos muchas cosas. El brillo de sus ojos manifiesta la admiración que les produce la realidad. La primera vez que algo se nos manifiesta tiene la virtualidad de convertirse en un momento único, al que volveremos muchas veces a lo largo de nuera vida. Los primeros colores, olores, sensaciones nos marcan para siempre. El niño vive admirado, nada, o casi nada, le es indiferente. Y nosotros, los adultos, que corremos el riesgo de estar de vuelta de todo, necesitamos como tabla de salvamento volver a lo que fuimos, a nuestro primer mundo donde con tanta viveza aprendimos a relacionarnos con las cosas. Las etapas de la vida, no se yuxtaponen unas a otras, sino que están atravesadas por el mismo diseño biográfico. Se ha dicho que la madurez no es otra cosa que la explicitación de la niñez. En esta afirmación sí que se remarca el nexo existente entre estas dos etapas de la vida. Es necesario, de alguna forma, volverse como niños, si queremos recuperar el encanto que el mundo nos ofrece. No es fácil retomar la ingenuidad propia de los niños. Porque no se trata de instalarse en un estado bobalicón, sería peor el remedio que la enfermedad, sino de recuperar lo que de genuino tiene la vida. La realidad del adulto está muy maquillada, difícilmente se redescubre en ella los rasgos originarios, y a veces se desdibuja tanto el trazado de la propia biografía infantil, que se hace difícil encontrar el referente; entonces nos hallamos en una situación crítica y poco esperanzadora, porque no hay dónde volver. Y todos necesitamos volver para reconocernos a nosotros mismo. No se por qué el mundo de los niños se mira tan de soslayo, como si no fuera con nosotros, cuando en realidad es nuestro punto de referencia más importante. El mundo de la psicología y de la medicina van por delante haciéndonos ver la importancia de la infancia y la estrecha unidad que existe en las distintas etapas de la biografía de un hombre. De los niños hemos de aprender a admirarnos, porque las cosas tienen la virtualidad de producir admiración, si nosotros no interponemos nuestros dudosos intereses personales."

3/3/12

"Sólo quienes tengan cerebro y no cráneo sobrevivirán"


Por Catherine L'Ecuyer

Estar fascinado es estar atraído, seducido, embrujado… por un poder de atracción, una fuente de estimulación exterior al sujeto. La fascinación hipnotiza. Es placentera porque saca a uno del coma agonizante de su apatía provocada por la sobre estimulación de los sentidos. Es la droga barata del siglo XXI. 

En cambio, el asombro es un proceso voluntario que se inicia desde lo más profundo de la persona. En tiempos como los actuales, en que tantos se preguntan por la clave de un proceso educativo exitoso, los pedagogos harían bien de acordarse de la siguiente frase de Tómas de Aquino, “El asombro es el deseo para el conocimiento”. De allí la importancia de proteger este mecanismo con la que cuenta la naturaleza para que cada uno pueda vivir una existencia verdaderamente personal.  

Os dejo con un excelente artículo de José Quintano, profesor de colegio, que trata de la diferencias entre fascinación y asombro. 

"Soy una persona anticuada que cree que leer libros es el pasatiempo más hermoso que la humanidad ha creado". Eso decía Wyslawa Szymborska, premio Nobel de Literatura en el 1996. Murió hace poco, ya en febrero de 2012. En La Vanguardia se recogían estas palabras suyas. Sabía lo que decía. En la actualidad, el fútbol y las pantallas son los pasatiempos favoritos, que llegan a drogarnos, como dice perfectamente Suso de Toro en un fenomenal artículo publicado hoy mismo. Opina el escritor que es un cambio más que tecnológico: antropológico. Bien podría ser: el hombre es sumamente plástico. El uso indiscriminado de internet nos hace dependientes y potencia en nosotros otras capacidades nada despreciables. El problema es que disminuyen otras, algo más vitales, por lo visto. Es la diferencia entre el asombro y la fascinación, como me explicaba mi genial profesor de filosofía. La primera es motor de saber; la segunda, atonta, porque avasalla con tanto dato que no llega a ser dato porque no es asimilado. A base de recibir tantos inputs por segundo, hemos perdido la capacidad de recibirlos. Ya no miramos, sólo vemos. Eso sí: hemos ganado lo de manejarnos a gran velocidad por el ciberespacio. Somos ratas de internet. Ratas mareadas. Lo que decía Jean Guitton se está cumpliendo letra por letra. Ahora más que nunca, internet nos salvará de los idiotas perdidos, que sólo saben dónde están los datos. Lo que urge -ahora y siempre- es aprender qué significan las cosas y qué hago con el material que se me ofrece, una vez separados los datos ciertos de la escoria. Es decir, que a quien sonríe por el simple hecho acumulativo y cuantitativo de que "en internet está todo", se le borrará la sonrisa cuando piense -si llega tan lejos- que eso va en su contra en lo que a su mejor yo se refiere. Sólo quienes tengan cerebro y no sólo cráneo sobrevivirán. Y gracias a Dios, no son pocos. 
http://cartasenelolvido.blogspot.com

28/2/12

"Volver a vivir pausadamente", del profesor Vázquez-Dodero

A continuación un buen artículo para "leer con calma", del profesor Juan Carlos Vásquez-Dodero, del IESE Business School.  ¡Que disfrutéis!

"Uno de los posibles beneficios que puede tener el actual caos en que vivimos es devolvernos en el sentido del tiempo, que, a mi entender, habíamos perdido: todo es para ya, no hay un segundo que perder, todo es urgente. Hemos adaptado nuestras vidas a la nueva velocidad tecnológica. Todo se ha acelerado en unas décadas y muchas personas nos hemos amoldado a esta nueva pseudoexigencia social que tan malas consecuencias tiene.

La vida, la naturaleza, tiene sus ritmos. Pero la cultura de la eficiencia –más cosas en menos tiempo– nos ha impuesto una forma de vivir que podríamos resumir como: too much, too soon. Los ejemplos son constantes: desde el niño que no tiene un minuto para jugar, o sea para hacer lo que le venga en gana, porque sufre una agenda disparatada y llena de actividades extraescolares, que naturalmente no ha elegido él, sino sus eficientes progenitores, que se empeñan en que la criatura esquíe a los dos años, nade a los tres, juegue al tenis a los cuatro y así sucesivamente…; hasta el joven que, ya deformado, no encuentra tiempo para leer, ni para charlar, ni digamos el tiempo o el lugar apropiados para meditar. 

Lo de los adultos se ha convertido, en muchos casos, en un tema disparatado: no es que queramos llegar pronto a nuestro destino, sino que no soportamos un cuarto de hora de retraso en el AVE; hacer una simple cola de unos minutos exaspera a la mayoría; pedir, con la antelación adecuada un aplazamiento de cualquier entrega está mal visto; comer o cenar con tranquilidad no es de recibo, las sobremesas se han acabado; descansar sin hacer nada distinto de lo habitual no se lleva; esperar a que el ordenador cargue una aplicación o un programa nos pone nerviosos... Lo bueno es el fast food, el “pronto moda”, la película con escenas y secuencias de segundos, el visto y no visto... (...)

La nueva situación que vivimos en el mundo, y particularmente en lo que llamamos Occidente, nos obliga a hacer un nuevo planteamiento de todo lo que se refiere a la relación entre medios y fines: quizá la nueva escasez que exige ser austeros y medir bien los recursos que estábamos dilapidando favorezca que todos debamos reaprender a llevar bien algo que es natural en el ser humano: esperar, esperar pacíficamente. Porque no volverá a haber nunca más una o más personas esperando a que alguien llegue para atenderte en cualquier servicio. Desde los servicios de sanidad, hasta los espacios comerciales estaban llenos de empleados que se pasaban horas y días con poco por hacer, a la espera de que alguien llegara. “¿Sabes? –nos decíamos– me he renovado el documento de identidad y me he sacado un pasaporte, fotos incluidas, en una hora”. Está muy bien. La cuestión es ¿y qué? ¿para qué?, ¿para tener otro rato más para ver la tele?, que es a lo que muchas personas dedican una sorprendente cantidad de tiempo todos los días del año. Mejor sería leer un poco o hacer cualquier manualidad..., auténtica pérdida de tiempo... sin duda reconfortante." (Revista de antiguos alumnos del IESE, Enero, Marzo 2012, no.124)

9/11/11

¿Qué es el asombro?

Una hormiga que da cosquillas en la palma de la mano, el dedo de reprobación de mama cuando se acerca a algo peligroso y los "pedorretes" que le da mama en el cuello cuando le obedece, la barba de papa que pica cuando llega del trabajo, la sombra que se mueve cuando camina..." El genio, la afectividad y la imaginación del niño se pone en marcha. Cuando se acerca a la chimenea en casa de La Abuela, busca a Mary Poppins. Todo lo contrario de lo que pasa en la cabeza de un niño que se pasa todo el día delante de una pantalla, escuchando a quién le habla a modo de adiestrarle o llevando un ritmo frenético porque le llenan la cabeza y la agenda de actividades estructuradas (fichas, programas, extraescolares, etc.) para alcanzar hitos.


La organización neurológica NO es el motor del niño (ni del ser humano), tal y como hemos pensado durante años. Siguiendo este falso paradigma, nos hemos empeñado y seguimos empeñándonos en bombardear a los niños con estímulos externos para diseñar sus circuitos neuronales con el fin de conseguir el "niño a la carta", tanto desde el punto de vista comportamental como cognitivo.

Ahora, son la mayoría los que coinciden en que el motor del niño es algo intangible, inmaterial. Al margen de como cada uno lo puede llamar (alma, inteligencia, energía, espíritu, etc.), los griegos ya decían que el principio de la filosofía era el asombro, la primera manifestación de aquel intangible que mueve al ser humano. Miles de años después, la más reconocida pedagoga de todos los tiempos, la Dra. Montessori, hacía hincapié en la importancia del asombro en el aprendizaje del niño. Hace poco, la neurociencia confirmó a Montessori, cuestionando muchos de los paradigmas educativos actuales.



El protagonista de la educación, no es el método que se utiliza, ni la cantidad de estímulos, ni siquiera el educador. Es el niño. No significa eso que el niño manda, que no haya que ponerle límites y que tengamos que ceder a sus caprichos. Tampoco quiere decir que los niños son los que ponen el proyecto educativo y familiar. Quiere decir que el niño no es un mero espectador de lo acontecimientos. No quiere ser adiestrado, sino educado. El niño pequeño busca lo bueno y lo bello y tan solo debemos acompañarle, siendo buenos intermediarios entre él y la realidad, creando el entorno favorable a su descubrimiento y protegiéndolo de lo que no le conviene. (1) La capacidad de asombro del niño es la "estimulación temprana natural" que el niño lleva dentro "de serie" y que le lleva a descubrir el mundo que le rodea, a motivarse por sí mismo. 

La sobre estimulación externa (ciertos métodos educativos, algunas nuevas tecnologías), sustituye al asombro y sofoca la capacidad de creatividad y de motivación propia del niño. También satura los sentidos e impide que el niño perciba estímulos menos ruidosos. Al final, el niño no presta atención a los estímulos menos ruidoso aunque sean importantes, se apalanca, se aburre y busca sensaciones nuevas para satisfacer su adicción al ruido y a la sobre estimulación.
Para que un niño se pueda asombrar, hace falta respetar una serie de condiciones, entre otras, dejarle margen de libertad, de autonomía, que estén cubiertas sus necesidades básicas, fomentar el silencio, la sensibilidad, darle tiempo, respetar sus ritmos, fomentar una ambiente de confianza y proteger su inocencia.

3/10/11

Asombro y Silencio


Por Catherine L'Ecuyer

Hoy en día, tanto el entorno familiar como escolar tienden a saturar los sentidos externos. Hemos creado, desde hace unos años, lo que llamo yo la generación “Baby Einstein”. En cuanto salen del nido maternal, “¡rápido! ¡delante de la pantalla! ¡que no se pierden nada!” Sobre estimulación para acelerar el proceso cognitivo -¡cuantas prisas tenemos!-, sobre estimulación para agotar el niño y tenerlo controlado -“no le quedará fuerza para portarse mal, será más manejable”-. Y desde hace algunos años, sobre estimulación para que no se aburra. Parece absurdo que un niño pequeño se aburre, porque lleva dentro un motor que le lleva a descubrir el mundo: el asombro. Decía Chesterton: "A un chico de siete años puede emocionarle que Perico, al abrir la puerta, se encuentre con un dragón; pero a un chico de tres años, le emociona ya bastante que Perico abra la puerta." Si un niño se aburre, mal asunto, entonces es que se le ha ahogado el asombro, creando una dependencia hacía la estimulación externa que se ha convertido en un adicción. Muchos niños sufren de esta adicción… La generación “Baby Einstein” está batiendo record de diagnóstico de hiperactividad y déficit de atención, un diagnóstico por cierto objeto de controversia, ya que recientes estudios relacionan sobre estimulación con hiperactividad.

Con tanta estimulación, hemos ahogamos el asombro, necesario para que el niño pueda interiorizar los aprendizajes, escuchar, mirarnos a los ojos, discernir, ponderar, reflexionar sobre el sentido de lo que hace, etc. Para dar marcha atrás, debemos reencontrarnos con el silencio.

25/9/11

En cada niño, un Universo recién estrenado


Catherine L'Ecuyer

Cuando recibo la mirada contemplativa de mi bebe de tres meses, recuerdo lo que decía Chesterton: “Los sabios más profundos no han alcanzado nunca la gravedad que habita en los ojos de un bebé de tres meses. Es la gravedad de su asombro ante el Universo. En cada niño, todas las cosas del mundo son hechas de nuevo y el Universo se pone de nuevo a prueba. Cuando paseamos por la calle y vemos debajo de nosotros esas deliciosas cabezas, deberíamos recordar que dentro de cada una hay un Universo recién estrenado, como lo fue el séptimo día de la creación. En cada uno de esos orbes hay un sistema nuevo de estrellas, hierba nueva, ciudades nuevas, un mar nuevo....


Los niños pequeños se asombran delante de cualquier realidad, por el mero hecho que “sea” y se sorprenden delante de cada una de las modalidades del “ser” o de las leyes naturales de nuestro mundo: una persona, un niño, una niña, una abuela, un señor que pasa en la calle, un bebe, una flor, un insecto, una piedra, la luna, una sombra, la gravedad, la luz, un sueño, etc.

Los niños se asombran porque no consideran el mundo como algo debido, sino que lo ven como un regalo. Este pensamiento metafísico, es propio de la persona que constata que las cosas son, pero podrían no haber sido. Somos, el mundo es, contingente. Si dejamos de existir, el mundo sigue… Sin embargo, participamos de algo más grande… el mecanismo natural del asombro es precisamente lo que nos permite trascender del cotidiano y llegar a ello. Ver lo extraordinario que se esconde en lo ordinario… Lo que nos lleva a una actitud de profunda humildad y agradecimiento.

¡Cuánto podemos aprender mirando a través de los ojos de nuestros hijos!

12/9/11

La duda, una tabla de gimnasia imprescindible


Catherine L'Ecuyer

La persona asombrada duda. Su duda no es la del escéptico que niega la existencia de la verdad o de la realidad, ni la del que ve la duda sistemática como un método y un fin en si. Es una duda compatible con las convicciones. La persona asombrada se caracteriza por una rectitud de intención y una actitud de humildad ante la realidad. La duda es el punto de partida, en su recorrido hacía la verdad, sea cual sea el coste del viaje. Escucha sin prejuicios ni filtros, con empatía. Pondera las cosas en su cabeza y en su corazón. Disfruta contrastando sus puntos de vista, acoge el diálogo de forma natural y busca la mejora en todo lo que es (lo que piensa y lo que hace).

Dice Alex Rovira que “La duda es la maleta más valiosa del equipaje de los genios y la que falta en los fanáticos.” Álvarez de Mon habla de la importancia de la duda en su último libro: “Paradójicamente, el que sabe, pregunta; el que conoce, escucha. El que aprende, duda, se va topando con crucigramas cada vez más enrevesados y subyugantes. Tener siempre razón, ganar una discusión, impresionar al otro, anular al compañero, pavonearse en público, son objetivos pobres y limitados de gente mediocre e insegura. La meta es aprender, estirarse, crecer, y para eso la duda es una tabla de gimnasia imprescindible.”

26/5/11

El tiempo libre y el asombro


Un artículo que llega a punto para el verano, las vacaciones y las fiestas de fin de curso...


EL TIEMPO LIBREEEEEEEEEEE
Enrique Monasterio

Aún no se ha apagado el eco de aquella canción que machacó nuestros tímpanos durante un par de años, en la que un marido abandonado, con voz de José Luis Perales, interrogaba a su mujer, entre melancólico y curioso:
Y quién es él,/ en qué lugar se enamoró de ti./ De dónde es…/ A qué dedica el tiempo libreeeee…
La última e se prolongaba en el éter, lánguida y resignada como un balido.
Lo más desconcertante era esa insistencia por saber cómo pasaba los fines de semana el rival en cuestión. Puesto a preguntar futilidades, el marido podría haberse interesado por su equipo de fútbol, por su plato preferido o su marca de dentífrico. Pero no, una y otra vez, clamaba con voz desmayada:
A qué dedica el tiempo libreeeeee…
Durante años se me indigestó esa canción, más que nada por la pertinacia. Me sorprendía a mí mismo tarareándola por la calle como un paranoico, y recuerdo haber tratado de defenderme cambiando mentalmente la letra. Pero era inútil.
Hoy la he vuelto a oír, y al fin he comprendido el sutil mensaje que quería transmitirnos el afamado trovador de Cuenca. Porque no es asunto banal saber a qué dedica el tiempo libreeeeee un lugareño cualquiera. En el fondo es la pregunta más aguda que cabe hacerse cuando se trata de conocer bien a una persona.

El tiempo, en efecto, se divide en dos clases: ocupado y libre. Los adultos, por lo general, tenemos mucha cantidad del primero y poca del segundo. La mayor parte del año suele estar ocupada por la profesión, la familia, el sueño, las comidas, el tráfico, las colas, las compras, la neurosis y el psiquiatra. Desde luego, mejor es vivir así que en paro absoluto; pero es evidente que esas horas no son propiamente nuestras, sino de otros: las tenemos arrendadas, y por tanto, en ellas no nos expresamos como somos en realidad. En la comida, en el sueño o en el tráfico uno es más o menos como todo el mundo. Y, si bien es cierto que en el trabajo tratamos de dejar la impronta personal de nuestro talante y de nuestro talento, la mayor parte de las tareas en cualquier profesión -incluso en las más apasionantes son rutinarias y poco aptas para conseguirlo.
Pero hay unas semanas o unos días plenamente nuestros. Durante meses los hemos esperado como esos presidiarios que van tachando en la pared de la celda las fechas que se cumplen de condena. Es el tiempo que llamamos libre, mi tiempo, el que yo domino, controlo, modelo, consumo, gasto o invierto. En él sí que puedo mostrar mi auténtico genio.

Escribió Ortega que los pueblos se conocen por sus fiestas, ya que en ellas se pone de manifiesto su idiosincrasia con más claridad que en las jornadas de trabajo. Lo mismo cabe decir de los individuos singulares. Como asegura Kloster, el domingo a las diez de la mañana el hombre nos dice lo que piensa de sí mismo. Es lógico: esa hora es la más significativa, porque nadie la hipoteca. En ella somos completamente soberanos; nada nos impide ser auténticos.

Este es el tiempo que los clásicos llamaban de ocio, entendido no como un periodo de inactividad o de evasión, sino todo lo contrario. El ocio debía ser el tiempo más rico y enriquecedor, el más rebosante de vida. Era un tiempo de silencio, de actividad interior, de contemplación y por tanto de autentica sabiduría.

El problema es que estamos entrenados más para el negocio que para el ocio. Nos asusta el silencio, como a los niños la oscuridad, y, cuando llega el tiempo libre, sólo nos planteamos cómo llenarlo de trivialidades, a dónde huir, cómo saturarnos los ojos de imágenes, los oídos de ruidos y el estómago de basura. Los más jóvenes quieren marcha, y los viejos alguna forma de anestesia. Son dos modos de escapar de la realidad y de matar el tiempo en vez de llenarlo, de retenerlo y vivirlo con plenitud.
Es una pena porque ¡hay tanto que hacer! Necesitamos el tiempo libre para tener largas tertulias cuando anochezca; para aprender a mirar a los demás; para escuchar a nuestros padres o a nuestros hijos, a la mujer o al marido; para escribir nuestro primer poema o recordar los que escribimos en segundo de bup; para hablar con alguien sobre sentido de la vida; para leer un libro que nunca olvidemos; para repasar el Evangelio; para hablar con Dios; para ver cómo amanece a las 6 de la mañana sobre el mar; para sentarnos en el campo y mirar a los pájaros.

Éste es el tiempo de crecer en humanidad, de aprender a ser hombres o mujeres, de descubrir tesoros en la arena de la playa y en la mirada de los amigos; de pensar por libre, sin televisiones interpuestas, de guardar silencio, de amar.

Por eso, cuando Alicia me contó que había conocido a un chico estupendo, superguapo, simpático, buena persona, trabajador y encima con pasta, sólo se me ocurrió darle un consejo con música de Perales:
Pregúntale a qué dedica el tiempo libre.

21/10/10

Se habla del asombro en el 14º congreso de la Federación de Entidades de Atención y Educación a la Infancia y Adolescencia

14º Congreso de la Federación de Entidades de Atención y Educación a la Infancia y Adolescencia

La inclusión social de los niños, adolescentes, jóvenes y familias: claves de progreso (21 octubre 2010)

Ponencia por: Catherine L’Ecuyer, colaboradora Fundación Nins

¿Quién es la fundación?

La fundación Nins es una fundación privada sin ánimo de lucro, que pretende promocionar un entorno cultural idóneo para la infancia.

Antecedentes

Hoy en día, constatamos que cada vez, son más los niños dispersos, híper activos con dificultad para crear vínculos, para reconocer la autoridad, para gestionar su afectividad, con actitudes a veces violentas, desagradecidos, y que encuentren su fuente de motivación principalmente en la estimulación externa.

A menudo, encontramos la causa de estos problemas en todo tipo de trastornos psicológicos. Sabemos que España es el tercer país del mundo en prescripción de psicofármacos a menores. También sabemos que en los 4 últimos años, se han duplicado los trastornos mentales en la infancia en Cataluña. Si bien es cierto que en muchos casos los hay, creemos que algunos de estos síntomas se pueden explicar por una falta de respeto para uno de los mecanismos naturales del niño: el asombro.

¿Qué es el asombro?

El asombro del niño es el motor interno que de forma natural le lleva a descubrir el mundo que le rodea, a motivarse por sí mismo. Las cosas pequeñas mueven al niño a aprender, satisfacer su curiosidad, ser autónomo en entender los mecanismos naturales de los objetos que le rodean, a través de su experiencia con el cotidiano. Tan solo tenemos que acompañar al niño, creando este entorno favorable al descubrimiento. No hace falta que nos sustituimos al niño en el proceso de aprendizaje, el asombro ya se encarga de este proceso.

Hoy en día, el ritmo frenético que lleva el niño no le deja tiempo para asombrarse. La sobre estimulación externa (ciertos métodos educativos, algunas nuevas tecnologías), sustituye al asombro y sofoca la capacidad de creatividad y de motivación propia del niño. También satura los sentidos e impide que el niño perciba estimulo menos ruidosos. Al final, el niño no presta atención a los estímulos menos ruidosos, aunque sean importantes, se apalanca, se aburre y busca sensaciones nuevas para satisfacer su adicción al ruido y a la sobre estimulación.

Buena práctica

Desde hace unos meses, la fundación Nins está llevando una campaña de concienciación de la importancia del asombro en el niño. Concretamente, la concienciación se realiza a través de la recogida de firmas de su manifiesto: “Soy un niño.

1) quiero ser inocente

2) quiero entretenerme y jugar como un niño

3) quiero que me hables con cuidado

4) quiero que me dejes imaginar

5) quiero sorprenderme con la realidad

6) quiero que me protejas de lo que me confunde

7) quiero tener referentes positivos en mi familia

8) quiero sentirme querido sin meritos ni condiciones

9) quiero que me dejes crecer como un niño

10) quiero hacerme mayor y no olvidar que soy un niño”

Me gustaría comentar brevemente los puntos 1, 2 y 4 del manifiesto.

-“Quiero ser inocente”: Hay un afán inexplicable por quemar las etapas. Hemos echado al niño del jardín de la infancia. Le hemos convertido antes de tiempo en un pequeño adulto. (hemos perdido el cuidado en nuestras conductas y conversaciones en su presencia, le hemos dejado ver lo que no debe, le hemos quitado el miedo por lo espantoso, el disgusto por lo violento) la catedrática Petra María Pérez habla del fenómeno de la “reducción de la infancia”. El Dr. Castells, psiquiatra y neurólogo infantil, dice: “Hemos matado al niño”

-“Quiero entretenerme y jugar como un niño”: la catedrática Petra María Pérez también opina que los niños que no juegan lo suficiente, tienen carencias emocionales y sociales básicas. Deberíamos volver a ver el juego como algo natural y necesario en el desarrollo del niño. ¿Por qué lo hemos perdido de vista? Entre otras cosas, porque como sociedad, ya desde los 2 años de edad, nos dedicamos a convertirles en pequeños genios (lo que importa es: que lean, que escriben, que toquen el chelo, que hablen chino, que hagan ballet, etc.). Les ocupamos en actividades estructuradas que les llenan la agenda y la cabeza, cuando el niño, lo que necesita descubrir por si solo, sin prisas.

-“Quiero que me dejes imaginar” hoy en día, los niños tienen poco espacio de silencio para poder pensar por si mismo. Hemos sustituido su imaginación por varias pantallas –el móvil, la pantalla digital, el ordenador, la play, la televisión, etc- a lo mejor damos la sensación de haber mejorado la educación con tanta pantalla, pero creo que hay que volver a plantearnos si este es el caso.

Un filosofo decía: “hay 2 maneras de adquirir conocimientos: (1) por invención o descubrimiento y (2) por disciplina y aprendizaje. La primera es el modo más “elevado” y la otra viene en segundo lugar.” el orden secuencial no es irrelevante.

No es preciso motivar al niño “a priori”, presentándole con cosas extraordinarias y espectaculares, sustituyendo su imaginación para moverle a actuar de forma determinada. Al tener el niño pasivamente colocado delante de tantas pantallas, no fomentamos la creatividad. Tampoco la fomentamos con tanta presión por aprender tantas cosas, de forma tan prematura. En Finlandia, la gran mayoría de los niños se escolarizan con 6 años, y sabemos que este país está a la cabeza del ranking en el último informe Pisa.

Resultados de la buena práctica

En pocos meses, sin hacer ningún evento mediático al respecto, hemos recogido unas 500 firmas. Todavía es poco, queremos recoger más.

Reto de futuro

Como reto del futuro, la Fundación Nins quisiera poner en marcha más acciones concretas para sensibilizar a los padres y a las escuelas de la importancia del mecanismo natural del asombro del niño: a través, entre otras cosas, del respeto por sus ritmos y del desarrollo de su sensibilidad.

“¿Por qué es tan difícil respetar el asombro del niño hoy en día?

El asombro del niño no suele gustar al adulto por que 1) no hay tiempo y 2) no es útil: los dos grandes argumentos del siglo XXI. Como consecuencia de la perdida de su capacidad natural de asombro, la naturaleza protesta de la forma que tan bien explica Maria Montessori:

“Cuando el niño reacciona aislándose, ignorando a sus padres, se apalanca, se desanima, es caprichoso, o enseña cualquier otro tipo de comportamiento inesperado por parte del padre, pocas veces el adulto llega a la conclusión que este comportamiento es un grito, una protesta de la naturaleza, al padre que ha impuesto al niño algo que va en contra de su dignidad, o le ha privado de algo imprescindible para su desarrollo.”

Cuando el educador percibe esta protesta del niño, ¿qué hace? Intensifica la disciplina, cosa que, hemos visto, viene en segundo lugar, no en primero (primero, la invención y el descubrimiento, y luego la disciplina y el aprendizaje). La solución se encuentra en dar marcha atrás a los muchos paradigmas que nos han guiado en la educación infantil: convertir el niño a nuestra medida, un adulto pequeño y manejable.

Conclusión

Quitar el asombro a un niño es robarle la infancia, pero también la posibilidad de ser todo lo que podría ser como adolescente y como adulto. Un niño a quién hemos quitado la capacidad de asombro tiene todos los números para convertirse en un adolescente y luego un adulto desagradecido, autosuficiente, ensimismado, cínico, desconfiado, ciego delante de la belleza del mundo porque lo reduce todo a aquello que puede entender, empeñado en buscar sensaciones nuevas porque esta acostumbrado a tener los sentidos saturados, incapaz de escuchar, de sentir empatía queriéndolo todo sin dar nada en cambio porque cree que todo le es debido, etc.

Un niño así es y será, como decía la famosa canción de pink floyd “otro ladrillo en la pared”. Una sociedad que se construye sobre estas bases, no es sostenible.

En cambio, (y acabo con esto) cuando el niño cuyo asombro hemos dejado florecer llegue a la adolescencia, si además le hemos creado un entorno basado en un proyecto que dé sentido a su vida, tiene todos los números para ser

-un ciudadano volcado en los demás porque tiene la sensibilidad para percibir sus necesidades

-será paciente porque esta acostumbrado a esperar antes de tener.

-será creativo porque no le habrán saturado los sentidos.

-actuará solo sin que le tengamos que incentivar porque no encuentra su fuente de motivación en los demás.

-será agradecido porque no considera que todo le es debido.

-será asombrado delante de la belleza del mundo

Ahora, interpelo a vuestra capacidad de asombro: imaginaros, por un instante, a una sociedad formada por personas con estas características…

Muchas gracias.