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29/11/13

Los 10 libros y DVDs más bellos

Por Catherine L'Ecuyer

Hace unos años, el director de la Asociación Nacional (Americana) por la Alfabetización dijo que "cualquiera que persuada a los niños a leer debería ser atesorado". Me pareció una visión muy pobre de lo que debería ser la educación en la lectura. Cuando un libro infantil o juvenil se considera bueno al margen de su contenido, por el mero hecho de haber conseguido "inculcar el hábito de leer" a los niños, entonces se transmite a niños y educadores una visión mecánica de la educación, en la que la belleza brilla por su ausencia. 

Desde apegoasombro, hemos tomado la iniciativa de hacer una lista de libros y películas que consideramos "bellos", que no son necesariamente los más comerciales, para que los Reyes puedan abrir los horizontes de la razón de los pequeños, enseñándoles a ver, educando su mirada desde y para la excelencia. Cuando los niños encuentran en los libros un camino de excelencia, el interés por la lectura se da naturalmente en ellos… 

Y los ganadores son…(con un corto comentario para cada uno de ellos)!!! Click aquí

14/7/13

Resucitar la virtud de la compasión

Por Catherine L'Ecuyer

Es cada vez más común ver a personas acercándose a los containers de basura en búsqueda de un trozo de pan, de algo que podrían revender para luego comprar un litro de leche para sus hijos. A menudo miramos por otro lado y tapamos la mirada de nuestros hijos a esas realidades, a veces con razón por su edad, otras veces porque no nos gustaría tener que dar explicaciones de lo que ocurre, así poniendo en evidencia nuestra dureza e indiferencia frente a esas situaciones. ¿Cómo puede entender un niño que no hagamos nada para ese pobre padre de familia? 

Hoy he leído una frase de Madre Teresa de Calcuta, una de las personas que probablemente haya salvado la vida de más niños hambrientes en todo el mundo. Quisiera compartirla con vosotros. Pienso que nos puede ayudar a entender el sentido y ver la belleza  de vivir con más modestia y menos frivolidad. 

"Muchas veces consideramos a los pobres ladrones, vagos, inútiles. Nunca me había avergonzado al alzar la vista hacia la cruz, hasta el día en que una mujer joven vino a nosotras con un niño entre los brazos, tras haber pasado por dos, tres conventos, pidiendo un poco de leche y obteniendo por respuesta: Holgazana, vete a trabajar o algo por el estilo. Cogí enseguida al niño y se me murió en los brazos. Sentí vergüenza de mirar a la cruz porque Jesus nos ha dado tanto y nosotros no hemos sido capaces de dar un vaso de leche a un niño."

Hemos de resucitar la virtud de la compasión.

8/7/13

Lo frivolo de jugar con lo lúdico

Por Catherine L'Ecuyer

"No podemos jugar con lo lúdico, porque en último término, nos conduce a lo que nos hace capaces de amar. Sin embargo, parece que mucha gente no es consciente de esto. Si echamos una mirada a nuestro alrededor (...), es muy posible que descubramos un panorama inquietante y descorazonador." (Iñigo Pirfano, Ebrietas)

Cuando advierto del problema de la violencia en los contenidos de videojuegos o de películas, me suelo encontrar con los siguientes argumentos: "No hay que ser tan exagerados", "ya se lo encontrarán", "total, ya lo ha visto todo", "es imposible resistir a la presión de los compañeros", "todo el mundo lo tiene", "no pueden vivir en una burbuja", "no le afecta", "un poco de violencia no pasa nada". 

Clasificar videojuegos violentos como "aptos o no" en función del nivel de violencia (poca o mucha), es como decir a un niño de 13 años: "Puedes insultar a tu maestra, pero un poco, no te pases", o "te puedes emborachar, pero un poco, no te pases". ¿Qué quiere decir insultar o emboracharse "un poco"? ¿Quiere decir que el niño la puede tratar de estúpida, pero no de idiota? ¿Quiere decir que el joven debe detenerse de beber justo antes de entrar en el coma? 

Me parece que ese planteamiento educativo y vital es de una  frivolidad indescriptible. Como dice Iñigo Pirfano, "el problema más grave es que no se es consciente de la gravedad del problema: ésta es la esencia de la frivolidad". 

No perdamos tiempo experimentando el límite de lo indigno, usando como único barómetro "es que todo el mundo lo hace/tiene", y no dejamos que lo hagan nuestros hijos. No perdamos tiempo clasificando basura. 

Para quien le gusta lo concreto, os dejo con esas perlas... Uno de los videojuegos más vistos por nuestros jóvenes: Marvel vs Capcom, con la participación de Lego (verlo con los ojos de un niño de 5 años y fijaros en la expresión facial de los personajes), y luego la versión para jóvenes. 






Ebrietas, El Poder de la Belleza, de Iñigo Pírfano. Una maravilla de libro. Os lo recomiendo.

1/7/13

El hombre que plantaba árboles

Por Catherine L'Ecuyer

Cuando un arquitecto que empieza la edificación de una catedral sabe que no escuchará nunca sus campanas, y cuando una persona que plata un bosque de árboles sabe que nunca podrá gozar de su sombra, entonces han entendido el sentido de su trabajo. Ojalá todos los maestros y padres educáramos con esa rectitud de intención. Sé que el tiempo escasa y que 30 minutos, no lo tiene todo el mundo, pero vale la pena encontrar un hueco para ver ese maravilloso cortometraje, El Hombre que Plantaba Árboles de Frederic Back. Un clásico para toda la familia, que nos ayuda a encontrar la belleza que se esconde en lo ordinario, en lo pequeño.


17/1/13

La naturaleza, primera ventana de asombro

Por Catherine L'Ecuyer, autora de Educar en el asombro

¿Qué provoca el asombro? La Belleza es una de las cualidades del ser que provoca asombro. El otro día, estuvimos en el Templo de la Sagrada Familia con mi marido y mis hijos. Todos nos quedamos sin palabras, hasta la pequeña Juliette de un año. "Sólo el asombro conoce", dicen los filósofos. Después de ese paseo silencioso en el bosque sagrado, entendimos lo que despertó el genio de Gaudí para inspirarle esa obra indescriptible. Sabemos que Gaudí encontró inspiración en la Belleza de lo Divino, era un hombre profundamente religioso. ¿Pero a través de qué experiencia vital puede un hombre desarrollar tal genio para emprender y desarrollar una obra tan magnífica? Me encontré con la siguiente respuesta:

"Antonio Gaudí (...) de pequeño contó con una salud muy débil y sus continuos ataques de reumatismo lo apartaron de los juegos de niños y retrasaron su ingreso en la escuela elemental. Su madre pasaba muchas horas con él y lo distraía con paseos por el campo y observando la naturaleza. 

Recordando su infancia, Gaudí, ya de mayor, escribió: Con las macetas de flores rodeado de viñas y olivos, animado por el cloqueo del averío, el piar de los pájaros y el zumbido de los insectos, y con las montañas de Prades al fondo, capté las más puras y placenteras imágenes de la Naturaleza, esa Naturaleza que siempre es mi Maestra."

Escalera en forma de caracol
en la Sagrada Familia
La forma de los caracoles
que inspiraron a Gaudí
La naturaleza fue la primera ventana de asombro de Gaudí y fue inspiración para esa obra maestra, la Sagrada Familia. Gaudí supo cómo llevar la Belleza de lo Divino a las calles y elevar los espíritus de miles de personas hacia el cielo a través de la maravilla de la Belleza de la naturaleza. Gaudí no entró en un parvulario con 4 meses, no tenía juguetes que hablaban, ni iba a Kumon dos veces a la semana, ni veía Baby Einstein. Tuvo una infancia contemplativa en compañía de su madre y de su mejor amigo, el silencio, y fue instruido por su maestra, la naturaleza.

Quizás esa situación no está al alcance de todos nosotros. ¿Quién vive hoy en día entre viñas y olivos? ¿Quién dispone de tiempo para estarse sentado todo el día para observar árboles y escuchar el piar de los pájaros? Lo que sí está al alcance de cada uno de nosotros es la toma de conciencia de lo que es realmente esencial, excelente y Bello para nuestros hijos. De lo que les puede inspirar y nutrir el espíritu, de lo que puede desarrollar su paladar para la apreciación de lo fino, de lo Bello. A veces, la Belleza se encuentra en el lugar menos esperado. Y si recuperamos la sensibilidad y el asombro que tenemos de forma innata y que hemos ido perdiendo por las circunstancias de una vida frenética y consumista, sabremos reconocer la Belleza que nos rodea. Sin el asombro, la Belleza no se ve ni se conoce. Sin la Belleza, el asombro trabaja a ciegas.

Mi recomendación: para leer sobre la importancia de la naturaleza en el proceso del asombro, recomiendo El sentido del asombro, de Rachel Carson. Y si quieres aplicar esas ideas al ámbito de la educación, encontrarás más ideas en Educar en el asombro.


Quizás te interesa: La admiración, ante la grandeza de la naturaleza.

26/12/12

La Belleza se encuentra en el lugar menos esperado

Por Catherine L'Ecuyer

La Belleza se encuentra en el lugar en el que menos esperamos encontrarla. Que le pregunten a Kelle Hampton. 

Kelle Hampton está casada, tiene dos niñas, es bloguera y fotógrafa. Antes de nacer su segunda hija, Nella, reconoce haber tenido una vida muy fácil. Según ella, lo más doloroso hasta entonces había sido tener a su marido de viaje más de un día. 

En el momento de dar a luz a Nella, rodeada de sus amigas y de sus familiares, pasó lo que nunca jamás se hubiera podido imaginar. Cuando nació Nella y se la acercaron, recuerda Kelle “en ese instante, vi claramente que tenía Síndrome de Down y nadie más lo sabía. La cogí y lloré. Lloré y busqué la mirada de quién me dijese que no lo tenía. (…) Lo único que recuerdo es su cara. Nunca olvidaré a mi hija en mis brazos, abriendo sus ojos, una y otra vez… Nuestros ojos se encontraron, su mirada fija… hizo agujeros en mi alma. Quiéreme. Quiéreme. No soy lo que te esperabas, pero por favor, quiéreme. (…) Ese momento fue el más determinante de mi vida. Ese fue el inicio de mi historia”.

Kelle tiene un blog, “Enjoying the Small Things”, en el que cuenta su experiencia. En poco tiempo, el blog recibió más de 27 millones de visitas. 

Kelle dice haber aprendido que la belleza se encuentra en el lugar en que menos esperamos encontrarla, también en la imperfección. “Miro a mis hijas con asombro, entendiendo que el crecimiento de esas minúsculas células en seres extraordinarios que respiran, se mueven y me alcanzan son un milagro. Ellas son un regalo.” 

La historia de Kelle puede ayudarnos a purificar la mirada que tenemos hacía nuestros hijos. Son ellos mismos, con sus defectos, con sus fortalezas, con sus limitaciones. Son ellos mismos, necesitados para su buen desarrollo, de un amor incondicional, de una acogida desinteresada. No hay niño a la carta. No hay niño hecho para recorrer carreras cumpliendo con "hitos". No hemos de verlos como potenciales Einsteins, o Messis. El único niño que puede ser Einstein, es Einstein. No tenemos idea del daño que hace la búsqueda del niño "perfecto". En el nacido como en el no nacido, pues ambos fenómenos beben de la misma fuente y se refuerzan uno al otro. Cada niño es único, digno e imperfecto, como sus padres. De la conciencia y de la aceptación de la imperfección propia y ajena brota la compasión, la comprensión y la humildad, valores que desgraciadamente hoy en día suscitan condescendencia, en vez de provocar admiración. 

Esa comprensión no quita que tengamos que buscar la excelencia propia y ajena en la medida de lo posible y según el ritmo de cada persona y etapa de la vida y educando a nuestros hijos exigiéndoles. Pero partiendo de lo que pide la naturaleza de las personas, no de lo que queremos nosotros que sean, inspirados por un ideal de perfección obsesiva y excluyente, y a través de métodos mecanicistas y conductistas que empequeñecen los horizontes de la razón tanto del educado como del educador. 

Cada día, y muy especialmente en estos días en que pasamos mucho tiempo con nuestros hijos, tendremos la oportunidad de encontrar  Belleza en el lugar menos esperado cuando se equivocan y nos piden con la mirada: “Quiéreme. Quiéreme. No soy lo que te esperabas, pero por favor, quiéreme”. 

Kelly con su hija, Nella

14/12/12

Espinacas, hábitos y belleza


Por Catherine L'Ecuyer

Todos tenemos un proyecto familiar, unas ideas que quisiéramos transmitir a nuestros hijos, a nuestros nietos. ¿Cómo transmitirlo?  Metafóricamente, podemos recurrir a las espinacas. Podemos preguntarnos: ¿Cómo conseguir que una persona tenga cariño a las espinacas? Hay varios caminos, como podemos ver a continuación:

1. Esperar a que el niño tenga edad de razón y explicarle los beneficios de la espinaca, como por ejemplo su valor nutritivo, o haciendo hincapié en lo fuerte que será si se come muchas espinacas. Si esperamos tanto, es posible que le cueste acostumbrarse el gusto de la espinaca, porque nunca las ha probado. Además, es muy difícil que un niño de 7 años entienda el argumento del valor nutritivo de una cosa tan poco atractiva como una espinaca hervida.

2. Inculcar el hábito de comer espinacas. ¿Cómo? Ponérselo desde muy pequeño en la papilla, luego cada semana (de ser un día fijo de la semana como el lunes por ejemplo, mejor), para inculcar en el niño el hábito de comérselo. Hay que ser muy constante y no ceder nunca. Si inculcamos el hábito de comer espinacas de pequeño, es más fácil que se lo coma de mayor. Sin embargo es posible que se canse de comérselas, especialmente cuando vea que ningún amigo suyo se las come en el comedor del colegio. También es posible que en este momento coja manías a las espinacas, por miedo a destacar. Cuando se case, si no gusta a su marido o a su mujer, es posible que deje de tomárselas por comodidad, para no duplicar cenas.

3. Educar al niño en la belleza de las comidas que incluyen espinacas. Eso sólo será posible en las familias en las que existe una pasión por las espinacas y lo consideran como un manjar exquisito que se reserva para los días especiales. En estas familias, el comer espinacas se convierte en un ritual. Todos se acuerdan de aquellos días en los que se comieron espinacas: el cumpleaños de la abuela, el día de los 80 años de la tía Marichu, el día del bautizo de Sofía, el día de Navidad, de Reyes, etc. Por ello, todos los miembros de la familia asocian las espinacas a sus seres queridos y a momentos entrañables de su familia. Y lo desean con ilusión. De hecho, los hijos volverán de mayor a su casa, cada domingo, con ilusión para comer las espinacas gratinadas de mamá, el puré de espinacas de papá, la crema de espinacas con trufa y queso y el pavo relleno de espinacas y piñones. Es muy probable que aquellos hijos transmitan la pasión por las espinacas a sus maridos y a sus mujeres, sin duda lo harán con sus hijos. En esta familia, se transmite de generación a generación el gusto y el amor a las espinacas a través de la belleza. No es especialmente bella en sí la hoja de la espinaca, ni hervida, ni cruda, ni triturada, ni frita. Es bella la familia que ha sabido aglutinar a sus hijos alrededor de unas comidas familiares en las que se encontraban espinacas. Es bella la familia que ha celebrado momentos especiales en la vida de sus hijos alrededor de un plato de espinaca y es bello el recuerdo de ello. Es bello la entrega y el amor de la persona que ha cocinado las espinacas. Es bello el agradecimiento de todos por las espinacas.  Y es bella la tradición familiar de comerse espinacas.

Ahora pensemos en la siguiente pregunta: ¿En qué familia el comerse espinacas perdurará más tiempo, será más sostenible y tendrá sentido para siempre? ¿No es el camino de la belleza la forma más sostenible de transmitir todo ello con sentido?

A continuación, una delicia, para leer y volver a leer, parte de un discurso pronunciado en Granada por la subsecretaria del Ministro de Educación del Gobierno de Italia, Elena Ugolini, sobre la importancia de la Belleza en la educación. Para leer el texto entero.

Elena Ugolini
"Se educa para la belleza, a través de la belleza" Cada niño, cada joven lleva dentro algo que nadie puede ofuscar o aprisionar. Esas exigencias originarias de verdad, belleza y justicia que siempre se pueden aprovechar, a menudo como un recurso que ni siquiera él sabe que tiene y que hace mágico y sorprendente el momento del descubrimiento como base de todas las relaciones. El desafío no es “organizar” una escuela o una universidad eficiente, sino que el deseo de los jóvenes no disminuya, haciendo que nazca en ellos una atracción y un sentido hacia lo que se les propone. El desafío es que haya adultos que estén a la altura de estas necesidades.

A menudo decimos que los muchachos están distraídos en clase. Un profesor amigo mío me ha hecho caer en la cuenta de una cosa muy sensata: lo contrario de “distraídos” es “atraídos”.La pregunta que tenemos que hacernos ante nuestros estudiantes es qué les puede atraer, qué les puede suscitar curiosidad, qué puede interceptar esas exigencias de verdad, belleza y bondad que cada uno lleva dentro de sí, qué puede volver a encender su curiosidad.
(...)
Pero ¿cómo es posible hacer que lo ordinario sea extraordinario? Se puede rodear a los muchachos de cosas bonitas, pero si no se enciende la luz que muestra el nexo entre esa belleza y su vida, todo resulta en vano. El problema no son los muchachos: son los adultos. Si están ellos dispuestos a dejarse herir por la Belleza de lo que enseñan y a dejar abierta la herida; si están ellos impresionados por la Verdad, si son ellos curiosos. Docentes que muestren a los muchachos el sentido de las cosas, el nexo entre la belleza y la realidad, es decir, el sentido de la vida.
(...)
El objetivo de la escuela, si queremos intentar una síntesis, es suscitar el interés por la totalidad de la realidad, el mismo interés que debería haber impresionado al docente.
(...)
Ahora bien, para el docente la educación consiste en «cómo hacer conocer». Einstein escribía en los Pensamientos de los años difíciles (1936): «A veces se ve en la escuela un simple instrumento para transmitir una cierta cantidad máxima de conocimiento a la generación que se está formando. Pero esto no es exacto. El conocimiento es algo muerto; la escuela, en cambio, sirve para vivir».
(...)
“Se educa con lo que se dice, con lo que se hace, pero mucho más con lo que se es”
(...)
Para concluir cuanto se ha dicho, cito unas palabras de Charles Moeller que me parecen muy actuales, precisas e iluminadoras: «Cuando durante bastantes horas al día se tienen delante veinticinco rostros de muchachos desde los quince a los dieciocho años, que se vengan despiadadamente de uno mismo si se es aburrido en las clases, pero que nos miran fijamente con sus ojos de claridad – a veces de ternura – cuando en el silencio profundo de una hora matinal un reflejo de la belleza y de la verdad les ilumina, es imposible no plantearse y volver a plantearse sin pausa, las cuestiones eternas que constituyen toda la vida de un hombre; y es imposible no responder, porque la juventud es impaciente. Los libros, entonces, ya no bastan.

La respuesta debe darse inmediatamente, y debe ser verdadera, es decir, total, porque nadie puede engañar a la juventud. Es necesario entonces cerrar los libros, sin olvidarlos, es necesario mirar a la cara a estos jóvenes, es necesario sobre todo interrogarles sobre sí mismos y responder a las cuestiones esparcidas en los textos de nuestros autores» (en Humanismo y santidad, Editorial Juventud, 1967).

9/7/12

Profundizar en lo Excelente


Por Catherine L'Ecuyer

"Con el paso del tiempo, uno acumula más actividades, relaciones, trabajos, intereses, etc, que uno puede alimentar con lo mejor de su tiempo y de su energía. Uno debe darse cuenta que no puede profundizar con todo, y decidir en cuales de ellos invertirá su tiempo y sus energías." (Dr. Henry Cloud, Necessary Endings)

Una de las principales razones por la superficialidad de nuestros tiempos es la falta de capacidad por escoger lo mejor, de todas las alternativas que las circunstancias de la vida nos ofrecen. La oferta que se encuentran nuestros hijos, hoy en día, les ha llevado a pensar que la libertad consiste en mariposear entre el número más alto de actividades, de consumir el número más alto de bienes y de acumular el número más alto de conexiones sociales, con el todo poderoso criterio del “por que me apetece”. Hemos de ayudar a nuestros hijos, desde pequeños, a escoger alternativas excelentes a coste de otras, que aunque no sean malas, dejan el listón demasiado bajo. Han de aprender a profundizar en lo más importante, re-descubriéndolo por primera vez desde la interioridad, en vez de vivir la vida como aquel portero que solo piensa en parar los pelotazos que vienen desde fuera. Hemos de olvidar el paradigma “si no es malo, no pasa nada”, porque no podemos quedarnos con una ética y una estética de mínimos. Hemos de superar la crisis de la educación estética que están atravesando sin saberlo nuestros hijos, hablando con ellos el lenguaje de la excelencia, de la Belleza, para así agrandarles los horizontes de la razón. Como decía Dostoievsky, "la humanidad puede vivir sin la ciencia, puede vivir sin pan, pero nunca podría vivir sin la belleza, porque ya no habría motivo para estar en este mundo."

Todo un programa para estos meses de vacaciones en familia. ¡Buen verano a todos!

7/5/12

¡Sólo Belleza, y a lo grande!

Por Catherine L'Ecuyer

Esta semana, leí una anécdota deliciosa reportada por mi amiga y colega Magdalena Bosch, en su libro cuya lectura recomiendo, El Poder de la Belleza:

Estaba un conocido catedrático dando una conferencia sobre la belleza, cuando una mujer de entre los asistentes le hizo la siguiente observación: “En realidad, sobre gustos no hay nada escrito”. El profesor respondió rápidamente: “Señora, sobre gustos hay mucho escrito, lo que ocurre es que usted lee muy poco”. 

Podríamos hablar largamente de lo que se ha escrito sobre el tema de la belleza. Una de las frases que me impactó para siempre cuando estudié filosofía es la siguiente: “La belleza es la expresión de la verdad y de la bondad”. La belleza con "b" minúscula es cuestión de gusto, de moda. Pero la Belleza, con B mayúscula, no lo es. 

¿Qué es bello para un niño? Si la belleza es expresión de la verdad y de la bondad, es bueno para el niño todo aquello que respeta y reconoce su verdad y su bondad. Es bello para el niño todo aquello que corresponde con su naturaleza, su orden interior, su inocencia, sus necesidades básicas, sus ritmos.

Por eso es tan importante rodear al niño de belleza, porque lo que no es bello, por carecer de bondad y de verdad, le puede hacer daño, mucho daño. En el mejor de los casos, pues sería una triste perdida de tiempo. Una generación que no sabe disfrutar de experiencias verdaderamente estéticas, es una generación Pan y Circo. Se emocionará con el Waka Waka y con poco más.

Y por eso a la hora de filtrar, como padre, lo que conviene o no al niño, no hay que hacerse “la pregunta equivocada”, como explicaba en otro post, quedándonos, por la misma incultura que aquella señora que leía muy poco, en los mínimos.

Para nuestros hijos, Belleza. ¡Sólo Belleza, y a lo grande!